Los costes directos
que supone la ERGE están relacionados, en buena parte, con
que es uno de los motivos de consulta más frecuentes tanto
con el especialista como con el médico de familia. De acuerdo
con el mencionado estudio del Hospital Clínico San Carlos,
hasta el 54% de los pacientes que padecen reflujo gastroesofágico
acuden al menos una vez al centro hospitalario. Esta cifra, según
el doctor Manuel Díaz-Rubio, jefe del Servicio de Aparato
Digestivo de este hospital se reduce en Estados Unidos al 5,4% de
los pacientes. “El concepto de que el sistema sanitario en
España es gratis y de fácil acceso permite que la
gente vaya al médico inmediatamente, mientras que en Estados
Unidos, como hay que pagar, se lo piensan dos veces antes de ir”,
explica.
En Atención Primaria, el número de consultas entre
julio de 2002 y junio de 2003 fue de 1.951.517, y el de recetas
de medicamentos para tratar el ERGE en este nivel asistencial ascendió
en ese período a los 2.344.511, según los datos de
IMS Health.
Aunque estos datos dan fe de los costes que supone esta enfermedad,
Díaz-Rubio, que también es presidente de la Sociedad
Española de Patología Digestiva (SEPD) y catedrático
de Medicina, asegura que en España, hasta la fecha, no hay
ningún estudio sobre coste-eficacia en esta patología.
No obstante, sí hace referencia este experto a un estudio
—“Prevalencia de los síntomas de las enfermedades
esofágicas”— publicado en Scandinavian Journal
of Gastroenterology que muestra que la relación coste-eficacia
depende del país, a causa de los diferentes precios de los
medicamentos existentes en cada nación y a los distintos
métodos quirúrgicos que se llevan a cabo. “En
los modelos económicos-matemáticos realizados en países
anglosajones se demuestra que el coste-eficacia depende del tiempo
de tratamiento calculado. Sin embargo, en líneas generales,
a partir de los 10 años de tratamiento la cirugía
sería mejor entre 5 y 10 años estarían parejos
y menos de 5 años favorecería a los medicamentos”,
destaca el presidente de la SEPD. Sin embargo, recuerda que estos
modelos no son aplicables a España por las diferencias mencionadas.
Ambas alternativas —tratamientos farmacológicos y cirugía—,
de acuerdo con los expertos, tienen sus pros y contras. “Las
medicamentos para tratar la ERGE son efectivos en la mayor parte
de los pacientes, pero requieren de una administración continuada.
La cirugía es una única vez pero tiene el inconveniente
de que no da resultados siempre, ya que hay un porcentaje en los
que falla y otro en los que requiere medicación”, explica
el doctor José Ramón Malagelada, jefe del Servicio
de Gastroenterología del Hospital Vall d’Hebrón
de Barcelona. En ese sentido, Malagelada asegura que “en igualdad
de condiciones se puede dejar escoger al paciente, siempre que sepa
que el camino que elija también tiene unos inconvenientes”.
Además de la eficacia clínica, Díaz-Rubio añade
que los medicamentos tienen otros beneficios como que acarrean pocos
efectos adversos, y entre las desventajas, apunta la necesidad de
una adherencia adecuada al tratamiento. Respecto a la cirugía,
puntualiza que en los casos que da resultado y se muestra eficaz
dura en el tiempo; pero, en los que no, pueden existir complicaciones
que derivan en la necesidad de utilizar nuevos medicamentos.
Tratamientos accesibles
Una característica de los tratamientos farmacológicos
es su accesibilidad. Los datos de IMS Health muestran un importante
incremento de la administración de estos medicamentos (ver
tabla 1) en los últimos años, lo que en opinión
de Malagelada, significa que “hay un mayor conocimiento de
que esta enfermedad es tratable”.
Precisamente la accesibilidad es, en opinión de este experto
del Hospital Vall d’Hebrón, una ventaja en el tratamiento
de la enfermedad por reflujo gastroesofágico con respecto
a otras patologías. “Tratar una depresión es
muy difícil y muchos pacientes no responden. Tratar el ERGE
es muy fácil y accesible en España a través
de un amplio número de medicaciones incluidas algunas que
no requieren receta médica como los antiácidos”,
explica. En total, el número de tratamientos farmacológicos
disponibles en el país para esta indicación son 194,
divididos en seis grupos diferentes: inhibidores de la bomba de
protones (IBP), antagonistas del receptor H2 de la histamina (anti-H2),
gastroprocinéticos, prostaglandinas, antiulcerosos de bismuto
y otros antiulcerosos.
A la hora de definir cuál es la mejor estrategia que se ha
de seguir en el tratamiento farmacológico de la ERGE con
criterios de coste-eficacia, Díaz-Rubio afirma que, aunque
existe una cierta discrepancia, “en la actualidad, la mayoría
de los médicos se decantan por utilizar una estrategia decreciente”,
es decir, aquella que empieza por fármacos potentes que permitan
eliminar rápidamente los síntomas.
“En teoría son coste-eficaces, aunque no se dispone
de estudios definitivos al respecto”, explica. Las bases que
utiliza para asegurar este perfil positivo teórico de coste-eficacia
son la rápida eliminación de los síntomas (y
la recuperación inmediata que tiene en forma de calidad de
vida), el decrecimiento de la necesidad de medicación futura
que supone y la reducción de los costes en consultas médicas
y pruebas complementarias, así como el ahorro de los costes
indirectos que conlleva.
Por su parte, Malagelada matiza que la ERGE es una patología
con un amplio abanico de síntomas, lo que a su vez diversifica
también a quienes la padecen. “La distribución
de los pacientes con esta enfermedad tiene forma de montaña:
en la base están quienes tienen síntomas leves y ocasionales
y en la punta los que sufren complicaciones y necesitan tratamientos
más intensivos”, asegura.
Grupos de pacientes
En el primer grupo, destaca a quienes padecen pirosis, que es un
síntoma ocasional y leve, “por lo que les basta tratamientos
farmacológicos baratos y sencillos”. Otros síntomas
no excesivamente graves son la regurgitación, la disfagia
y la odinofagia.
Hay otros síntomas, en ocasiones incapacitantes, que requieren
de medicamentos más potentes. Estas complicaciones son la
hemorragia, la úlcera, el esófago de Barrett y la
estenosis. De ellas las que mayor repercusión tienen son
las dos últimas. De acuerdo con Díaz-Rubio, aunque
la incidencia de estas complicaciones en el curso de la enfermedad
es difícil de estimar, se calcula que un 10% puede tener
el esófago de Barrett. “El impacto económico
es grande —continúa— tanto por el coste directo
en medicamentos e intervenciones como por la necesidad de hacer
una vigilancia endoscópica por el riesgo de padecer adenocarcinoma”.
Un tercer grupo de pacientes son los que sufren síntomas
atípicos causados por la ERGE, “los cuales —explica
Malagelada— necesitan consultar con un médico para
identificar si los síntomas se deben a un reflujo gástrico”,
Los pacientes que presentan síntomas típicos de la
ERGE pueden ser diagnosticados a través de la historia clínica,
y generalmente no requieren de otras indagaciones. De hecho se estima
que, cuando la pirosis y la regurgitación ácida son
síntomas predominantes, la probabilidad de que el paciente
presente un reflujo patológico es de aproximadamente un 70%.
En el caso de los síntomas atípicos más importantes
hay que recurrir a procedimientos diagnósticos: los principales
son la endoscopia y la pH-metria.
Por su parte, la Sociedad Americana de Endoscopia Gastrointestinal
recomienda realizar endoscopia en las siguientes situaciones: presencia
de disfagia u odinofagia; cuando existan síntomas que persisten
o progresan a pesar del tratamiento; síntomas esofágicos
(también cuando se presentan en pacientes inmunodeprimidos);
presencia de masa, estenosis o úlceras en esofagograma previo;
hemorragia digestiva; anemia ferropénica o pérdida
de peso.
Los inhibidores de la bomba de protones también pueden servir
de prueba de diagnóstico en pacientes en los que existen
algunas dudas, por ejemplo, en el caso de los síntomas atípicos.
“Si los inhibidores de la bomba de protones les quitan las
molestias se puede concluir con una notable probabilidad que se
debe a reflujo”, subraya el jefe del Servicio de Gastroenterología
del Hospital Vall d’Hebrón de Barcelona.
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