La lactancia artificial
llegó a tener tanto éxito que el amamantamiento incluso
parecía haber pasado de moda y se consideraba que la mujer
moderna y trabajadora no debía perder el tiempo en ello,
dice Martín Calama. El coordinador del Comité de Lactancia
Materna admite que hasta los pediatras llegaron a conceder menos
importancia a la lactancia materna, creyendo que la artificial era
la única alternativa para las madres con dificultades para
iniciar el amamantamiento o niños con patrones de crecimiento
irregulares.
Este experto explica que hacia los años 60 fue cuando empezó
a remontar el amamantamiento, que actualmente sigue en alza. No
obstante, según Josefa Aguayo, médico adjunto de Pediatría
del Hospital Universitario de Valme, en Sevilla, esos años
todavía fueron duros para la mujer, cuyo rol había
entrado en crisis. Aguayo explica que la incorporación de
la mujer al trabajo se confundía con la pérdida de
la feminidad. “Parecía que, para entrar en el mundo
laboral, había que masculinizarse”, señala,
y ello contribuyó al abandono de la lactancia materna.
Además, en esas décadas, todavía no existían
restricciones a la promoción de los productos artificiales,
y para las madres era fácil caer en la tentación de
dar el biberón a sus bebés ante las campañas
publicitarias que realizaban las compañías de alimentos
infantiles. Ante esta situación, y con el objetivo de proteger
a las madres y a sus bebés de las prácticas de comercialización,
la OMS dictó en 1981 el Código Internacional de Comercialización
de Sucedáneos de Leche Materna, a partir del cual se prohibió
la promoción de los sucedáneos de la leche materna,
biberones y tetinas. Sin embargo, Martín Calama subraya que
“los países tardaron muchos años en hacer disposiciones
reales para llevar este código a la práctica”.
Un informe del Comité de Lactancia Materna del año
1999 basado en una encuesta sobre los índices de amamantamiento
en España desvela una prevalencia de la lactancia materna
del 77,6% al primer mes de vida y del 55% a los tres meses, mientras
que sólo el 24,8% de las madres superan los tres meses dando
alguna toma de pecho. Y eso que, según Martín Calama,
“el 95% de las madres debería ser capaz de dar el pecho”.
Por este motivo, cree que “habría que darles apoyo,
porque lo único que necesitan para tener leche es un poco
de ayuda técnica y confianza en sus posibilidades”.
En opinión de este experto, la culpa de que a partir de mediados
del siglo pasado se desatendiera la lactancia materna fue de todos,
de las administraciones, los fabricantes, los médicos y hasta
de las madres. Tal y como afirma un informe de la Escuela Andaluza
de Salud Pública sobre “Medicamentos y lactancia”,
las iniciativas de promoción llevadas a cabo por la administración
no han encontrado suficiente respaldo por parte de los profesionales,
ya que, a pesar de la normativa vigente, “sigue produciéndose
el obsequio de muestras de leche artificial, la administración
de biberones, la separación madre/hijo con escasa justificación,
la interrupción de la lactancia por administración
de medicamentos que no la contraindican, o la insuficiente transmisión
de los beneficios que comporta la lactancia”.
Los productos artificiales juegan un papel fundamental si hay problemas
para amamantar al niño. Aguayo cree que, a pesar de que hay
que proteger la lactancia materna, “la artificial es una alternativa
magnífica”, siempre que no se pueda optar por la vía
natural.
El aumento actual de la lactancia materna no implica un receso del
mercado de alimentación infantil (ver tabla). No obstante,
las ventas de leche tipo I (la que se da durante los primeros meses
de vida) actualmente están disminuyendo, gracias al presente
incremento de la lactancia materna, mientras que las de tipo II
están aumentando, según Martín Calama, por
el retraso en la introducción de la leche de vaca.
Repercusiones económicas
Tal y como señala la Alianza Mundial para la Lactancia Materna
(WABA, en sus siglas en inglés), es necesario aumentar la
conciencia pública del valor económico del amamantamiento.
Destaca que permite un importante ahorro a las familias ante el
elevado coste de las fórmulas infantiles y complementos para
alimentación artificial. De hecho, el Comité de Lactancia
Materna de la AEP afirma que cada familia puede ahorrar cada año
en estos productos 600 euros.
Aparte del ahorro que supone para las familias, la lactancia materna
se ha asociado con una reducción en la tasa de mortalidad
infantil y evita muchos gastos en la utilización de servicios
sanitarios y medicamentos, puesto que previene enfermedades infecciosas
como la otitis o patologías respiratorias, y disminuye el
riesgo de aparición de alteraciones mediadas inmunológicamente
como la diabetes mellitus o la enfermedad de Crohn. “Ya no
es sólo lo que vale el biberón de leche artificial
—señala Martín Calama—, sino lo que cuesta
tratar y atender a un diabético”. Asimismo, la lactancia
natural promueve la salud de la mujer, puesto que reduce el riesgo
de cáncer de mama y de ovario. El ahorro en costes hospitalarios
y en medicamentos de todas estas patologías debe sumarse
al originado por la disminución del absentismo laboral y
aumento de productividad.
Según se dejó patente en la Semana Mundial de Lactancia
Materna de la WABA del año 1998, en Estados Unidos, la lactancia
exclusiva durante los primeros seis meses de vida de un niño
se estima que ahorra entre 370 y 650 millones de euros en servicios
de salud y asistencia gubernamental. También se constató
que el tratamiento adicional de los casos atendidos por diarreas
infantiles que podrían evitarse con la lactancia materna
cuesta 238 millones de euros al año, por virus respiratorios
184 millones, diabetes mellitus de 8 a 20 millones y otitis media
212 millones de euros.
Otros datos ofrecidos por la WABA desvelan que se estimó
que, en el Reino Unido, las enfermedades por diarrea debido a la
alimentación con biberón tienen un costo de 34 millones
de euros por año en atención hospitalaria. Y se calculó
que, en Australia, el incremento de la lactancia materna exclusiva
hasta los tres meses de un 60 a un 80% tendría efectos sobre
la otitis media, diabetes mellitus, enfermedades gastrointestinales
y eccema, pudiéndose ahorrar hasta 9,4 millones de euros
al año.
Un estudio del año 2001, elaborado por el Servicio de Investigación
Económica del Departamento de Agricultura de Estados Unidos,
revela que se podrían ahorrar, al menos, 3.000 millones de
euros anuales si se siguieran las recomendaciones de los profesionales
sanitarios, según las cuales la lactancia exclusiva debería
darse en el 75% de las mujeres en su estancia hospitalaria y el
50% hasta los seis meses (cuando, en la actualidad, estos porcentajes
son del 64 y el 29%, respectivamente). De esa cantidad, 2.500 millones
de euros corresponden a la prevención de muertes prematuras
y 500 a los ahorros asociados a la reducción de los gastos
médicos tradicionales y los costes indirectos. Además,
el cálculo del estudio se ciñe únicamente a
tres enfermedades: otitis media, gastroenteritis y enterocolitis
necrotizante.
Otro trabajo, presentado durante la Semana Mundial de Lactancia
Materna de 1998, sobre los costes que suponen la lactancia artificial
en la ciudad de Buenos Aires, desveló que las madres dedican
unas 500 horas preparando y limpiando biberones. Según la
autora del estudio, la antropóloga Patricia Aguirre, entre
los costos más importantes de la decisión de no amamantar
están los relacionados con el tiempo que la mujer destina
a esas tareas de preparación de biberones y limpieza de utensilios.
Afirma además que, si ese trabajo estuviera remunerado, representaría
un sobresueldo que fluctúa entre un 25 y un 50% adicional
en los ingresos de la madre.
A pesar del ahorro potencial, el fomento de la lactancia natural
puede aumentar la preocupación por los riesgos derivados
de la exposición indirecta de los lactantes a sustancias
químicas ingeridas por la madre (terapéuticas o de
otro tipo), según el informe de la Escuela Andaluza de Salud
Pública. Ello provoca que el incremento de la lactancia natural
produzca una considerable demanda de información a farmacéuticos
y otros profesionales de la salud. Aunque este trabajo advierte
de que es importante considerar los riesgos que puede representar
para el niño, también afirma que, excepto determinados
medicamentos, la mayoría no repercute en la salud del niño.
Existen iniciativas mundiales para la defensa de la lactancia materna
y los beneficios sociales, sanitarios y económicos que comporta,
como la ya mencionada Alianza Mundial para la Lactancia Materna,
que se basa en la Declaración de Innocenti, surgida de una
reunión internacional celebrada por la Organización
Mundial de la Salud y Unicef en Florencia en el año 1990
para tratar el tema, y en la Estrategia Mundial para la Alimentación
del Lactante y del Niño Pequeño, impulsada por las
mismas instituciones. También existe la Iniciativa Hospital
Amigo de los Niños (IHAN), que galardona a los hospitales
que mejor cumplen las diez recomendaciones dadas por la OMS y Unicef
en el año 1989 para la promoción de la lactancia materna.
Apoyo gubernamental
Los expertos creen que la lactancia materna debería estar
más y mejor apoyada por los gobiernos. Aguayo, que opina
que deberían considerarla un problema de salud pública,
destaca que el II Plan Andaluz de Salud incluye una estrategia para
favorecer la lactancia natural. Una de las últimas iniciativas
ha venido de la mano de la Junta de Galicia y Unicef, que se han
unido para desarrollar acciones formativas a profesionales y que
constituirán un grupo de trabajo que velará por la
promoción y apoyo de la lactancia natural.
Por otro lado, una de las metas de la WABA es ayudar a los gobiernos
a tener en cuenta el valor económico de la lactancia materna
e inculcarles la necesidad de establecer partidas específicas
para su promoción en los presupuestos de salud nacional.
El coordinador del Comité de Lactancia Materna cree que,
aparte de un control de la publicidad por parte de la Administración,
es fundamental transmitir a las mujeres el mensaje de que, con un
poco de ayuda durante las primeras semanas, la mayoría puede
dar el pecho con facilidad. “Esperamos que no tarde mucho
en volver a ser habitual la imagen de una madre lactando, aunque
ahora esa madre sea ejecutiva, hable cuatro idiomas y el dinero
no sea su principal motivación para optar por la lactancia
materna”, señala
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