los ensayos clínicos generan ahorro para el SNS porque los
promotores de los mismos, generalmente la industria farmacéutica,
asumen todos los costes de la asistencia sanitaria a los enfermos
que participan en los estudios. Como ejemplo, García Puig
expuso el ahorro derivado de la participación de este equipo
en diferentes ensayos clínicos entre los años 1993
y 2003. Así, los estudios en los que ha colaborado han generado
para el sistema sanitario un ahorro de 40,83 euros por paciente
y mes. Teniendo en cuenta que el número de pacientes con
hipertensión implicados en dichos ensayos (a lo largo de
1.766 meses) ha sido de 1.064 personas, el ahorro conseguido en
estos diez años ha ascendido a 76,72 millones de euros, o
lo que es lo mismo, a 7,67 millones de euros anuales.
“Un enfermo de alto riesgo cardiovascular consume 490 euros
al año en asistencia sanitaria, un gasto que en el caso de
los pacientes que participan en los ensayos es costeado por las
compañías promotoras”, insistió García
Puig. Estos costes incluyen los tratamientos farmacológicos
(que suponen 341 euros al año), las visitas médicas
(77 euros) y las pruebas clínicas (72 euros).
Teniendo en cuenta que la hipertensión en España afecta
a entre 12 y 15 millones de personas, lo que supone una prevalencia
que oscila entre el 30 y el 40% de la población, los ensayos
clínicos con medicamentos para el tratamiento de la HTA pueden
suponer un ahorro de costes muy estimable para el SNS, en opinión
de este especialista. En concreto, los costes generados por esta
patología, según datos de 1998, supusieron el 4,53%
del gasto sanitario total.
Más ingresos para los centros
Por otra parte, la participación de los profesionales sanitarios
en proyectos de investigación supone una fuente de ingresos
para los centros en los que éstos desarrollan su tarea asistencial.
“Las compañías farmacéuticas promotoras
de los estudios cargan con los costes derivados de la implantación
en los centros sanitarios de las infraestructuras necesarias para
la puesta en marcha de dichos ensayos”, explicó García
Puig, quien añadió que “luego, estos dispositivos
e instrumentales quedan al servicio de los hospitales”. Además,
un porcentaje del coste total de la investigación —en
concreto, un 20%— también va a parar a estas instituciones
sanitarias.
Pero, además, según este investigador, el único
beneficiado no es el SNS, sino que el paciente también obtiene
ventajas, puesto que durante el estudio “la relación
médico-paciente es mucho más estrecha, el número
de consultas es más elevado que el habitual y el enfermo
se ve sometido a un seguimiento más intenso”.

A lo largo de estos diez años, el Grupo MAPA-Madrid ha realizado
76 ensayos clínicos (60 ya han finalizado y otros 16 se encuentran
en activo en este momento), en los que han participado 1.064 pacientes
y que han contado con el patrocinio de 23 compañías
farmacéuticas. Además, ha desarrollado cuatro proyectos
de investigación financiados por el FIS y la comunidad de
Madrid, ha presentado 29 comunicaciones y ha publicado sus estudios
en 15 revistas científicas, tanto nacionales como internacionales.
Este equipo de trabajo está integrado por un conjunto de
médicos y enfermeras del Hospital La Paz y del área
5 de Atención Primaria de Madrid que estudian formas de intervención
en HTA y prevención de los factores de riesgo cardiovascular.
“Este grupo nació con el objetivo de mejorar la asistencia
sanitaria a pacientes con alto riesgo cardiovascular, incrementando
la colaboración entre el hospital y los centros de salud”,
señaló Juan García Puig. Para ello, se desarrolló
un programa de monitorización de la presión arterial
que analizó los niveles de HTA de los pacientes incluidos
en la investigación, pero fuera del ambiente hospitalario.
Así, el grupo estudió la prevalencia de la HTA de
“bata blanca” (incremento de los niveles de presión
arterial cuando se miden en la consulta) en 345 pacientes, de los
cuales el 61% presenta hipertensión sostenida; y el 39%,
hipertensión de “bata blanca”.
Estos resultados revelan, a juicio de García Puig, que la
colaboración entre Primaria y hospitales se antoja como esencial
para desarrollar proyectos de investigación más cercanos
a la práctica clínica habitual y cuyos resultados
se puedan aplicar más fácilmente a la población
general. No obstante, reconoce que la investigación en AP
sigue siendo muy escasa, puesto que fundamentalmente se concentra
en el ámbito hospitalario.
Por ello “es tan importante establecer cauces de participación
de ambos niveles asistenciales en la I+D clínica, ya que
sus aportaciones y resultados son complementarios y muy beneficiosos
para el paciente”, aseguró.
La I+D ‘margina’ a Primaria
De hecho, sólo el 4% de los ensayos clínicos que
se realizan en España corresponde a Atención Primaria
y, según datos del Fondo de Investigación Sanitaria
(FIS), menos del 4% de los proyectos becados por esta institución
entre 1996 y 2002 procedían de este nivel asistencial.
En concreto, entre 1997 y 2001, ambos años incluidos, Atención
Primaria solicitó la financiación de 590 proyectos
de investigación, de los que sólo fueron aceptados
el 35%. Además, es destacable la evolución negativa
que se ha producido en estos años, puesto que si en 1997
el número de proyectos presentados ascendió a 155,
en 2001 esta cifra era sólo de 105. Otro problema es que
la investigación en Primaria se concentra en seis comunidades
autónomas, que son Madrid, Cataluña, Andalucía,
Comunidad Valenciana, País Vasco y Baleares.
Por ello, a juicio de investigadores y profesionales de Primaria,
este nivel continúa siendo la ‘hermana pobre’
de la asistencia sanitaria. Y ello, a pesar de que todos los agentes
implicados en la investigación clínica proclaman
las ventajas que supondría para el SNS en su conjunto y
para la industria farmacéutica la participación
de los médicos de AP en los ensayos.]