| El dolor: un asunto tan serio para el médico
como para el paciente
Hay enfermedades con las que hay que aprender a vivir.
Por ejemplo, la artrosis y la artritis. No se curan y duelen. Producen
un dolor tan persistente que más que un síntoma es otra
enfermedad en sí mismo. Sin embargo, cuando el dolor es benigno
los médicos son cautos y no emplean todas las armas para paliar
el sufrimiento. Más de la mitad de las personas que sufren dolor
crónico no está contenta con su medicación. El sufrimiento
es de ellos pero supone un gasto de más de 3.000 millones de euros
cada año a las arcas de la Sanidad pública.
Karelia Vázquez
| El dolor ha estado
ligado desde siempre a la historia de la humanidad. El hombre teme
más al dolor que a la muerte. Aliviar el sufrimiento ha sido
y sigue siendo un reto para la Medicina casi desde el surgimiento
de esta ciencia. Sin embargo, a pesar de los avances médicos
conseguidos, el debate sobre el tratamiento del dolor no está
resuelto y los expertos no se ponen de acuerdo en si el dolor crónico
es un síntoma o una enfermedad en sí mismo.Según
el estudio “Pain in Europe”, la encuesta más
amplia sobre dolor crónico realizada en Europa, el 11% de
la población española sufre por esta causa. De este
grupo, el 10% define ese dolor como “agónico”.
Estas cifras fueron las más bajas de todos los países
europeos en los que la media de la prevalencia se sitúa en
un 19%.La Sociedad Española del Dolor otorga “una doble
interpretación” a este dato. Por una parte, la experiencia
de los médicos dice que la prevalencia es mayor, entre el
25 y el 40% de la población, y que esta misma negación
del dolor por buena parte de los encuestados en “Pain in Europe”
refleja una de las características de la vivencia del dolor
en España. |
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“Aquí no existe el mismo concepto del dolor
que en los países anglosajones porque la cultura y el sentimiento
religioso hacen que el dolor se acepte como parte de la enfermedad y
el sufrimiento”, explica el doctor Manuel Rodríguez, presidente
de la Sociedad Española del Dolor y jefe clínico de la
Unidad del Dolor del Hospital Carlos Haya de Málaga.
Según “Pain in Europe”, los españoles también
sufren dolor durante más tiempo, unos nueve años, frente
a la media europea que es de siete. Al mismo tiempo, España es
el país con una mayor prevalencia de depresión por dolor
crónico, unas cifras que pueden esconder un manejo inadecuado
del dolor.
El dolor es caro
La negación de la evidencia no oculta el coste económico
que cada año produce el dolor crónico. Por ejemplo, las
enfermedades reumáticas suponen una pérdida anual de 3.600
millones de euros. El coste por paciente alcanza la cantidad de 10.700
euros al año, que se dividen entre los gastos médicos,
las pérdidas de la productividad y las pensiones por incapacidad
temporal o por invalidez permanente, según los cálculos
de la Sociedad Española de Reumatología. Fuera de esta
partida se encuentran los llamados “costes intangibles”
derivados de la disminución de la calidad de vida de los pacientes.
Para Fernando Villasante, del grupo de Reumatología de la Sociedad
Española de Medicina Familiar y Comunitaria (SemFYC), las patologías
de causa reumatológica, como la artrosis o la fibromialgia, son
las que producen una mayor sobrecarga en las consultas de Atención
Primaria. La encuesta “Pain in Europe” también apunta
a la artritis y la artrosis como las causas más frecuentes de
dolor crónico, seguidas por las hernias o los discos deteriorados.
La Sociedad Española del Dolor estima que las personas que padecen
dolor maligno suelen esperar entre tres y siete días para ser
tratados, mientras que los que sufren dolor crónico de causas
benignas tardan entre 20 y 90 días en recibir un tratamiento.
El doctor Emilio Blanco, coordinador del Grupo de Dolor de Semergen,
reconoce que, al menos en Atención Primaria, los médicos
están “más concienciados” en el alivio del
dolor oncológico, pero no pasa lo mismo con los dolores crónicos
producidos por la artritis u otras enfermedades del aparato musculoesquelético.
En Estados Unidos también se han hecho cuentas y los resultados
de las pérdidas productivas ascienden a más de 61.000
millones de dólares anuales (49.557 millones de euros). Este
estudio publicado en JAMA calcula que uno de cada ocho trabajadores
estadounidenses experimenta dolor en alguna intensidad. Las cefaleas
son las más frecuentes (5,4%), seguidas por el dolor de espalda
(3,2%), el artrítico (2%) y el producido por otros problemas
musculoesqueléticos (2%). Esta investigación examinó
los datos de 29.000 trabajadores de Estados Unidos y concluyó
que las personas que sufren algún tipo de dolor pierden una media
de cinco horas de productividad a la semana, y que tres cuartas partes
de ellos, aunque no dejen de ir al trabajo, tienen su capacidad productiva
reducida para realizar sus funciones. Los autores destacan que los trabajadores
con dolor crónico no se ausentan a menudo y que optan por ir
a trabajar a pesar del dolor.
Aliviar el mal
En España las altas cifras de depresión asociadas al sufrimiento
de dolor crónico —29%, según “Pain in Europe”—
son un indicador de que el dolor no se maneja de manera adecuada y de
que, quizás, se podrían ahorrar horas de dolor a muchas
personas.
En opinión del doctor Blanco, un mal enfoque del dolor crónico
no sólo cuesta “mucho dinero” en medicamentos, sino
que también representa pérdidas por los desplazamientos
inútiles de los enfermos y los costes de los medios diagnósticos.
“Por eso es muy importante una adecuada entrevista clínica,
un historial completo del paciente y hacer una buena medición
del dolor antes de abordarlo”, explica.
Blanco cree que en Atención Primaria se pueden “resolver”
hasta el 95% de los procesos dolorosos. “Para hacer un correcto
abordaje del dolor hay que considerarlo una enfermedad en sí
mismo. Por eso lo importante es clasificar el dolor, que puede ser somático,
psicógeno, neuropático o mixto, para poder tratarlo eficazmente”,
dice.
Por su parte, Fernando Villasante, del grupo de Reumatología
de SemFYC, se muestra más cauto con el tipo de dolor que puede
asumir la Atención Primaria. “Creo que podemos tratar el
dolor en patologías menores como pueden ser los procesos crónicos
degenerativos articulares, las enfermedades inflamatorias o cualquier
entidad que cause dolor crónico que no esté asociada a
una patología mayor”, explica Villasante, que opina que
si la patología es más específica se debe remitir
al especialista. “En cualquier caso, el tratamiento tiene que
ser conjunto”, indica.
La coordinación entre Atención Primaria y Especializada
es “el gran caballo de batalla” en el manejo del dolor,
en opinión de Blanco. “Necesitamos tiempo y una buena predisposición
por ambas partes”, indica este experto, que cree que las unidades
hospitalarias del dolor deberían reservarse para casos complejos
como el dolor neuropático o el dolor oncológico cuando
necesita una terapia compleja e invasiva.
Más del 70% de los pacientes que están en tratamiento
sigue una terapia farmacológica. Según la SED, estas personas
toman entre dos y tres pastillas por día y, en su mayoría,
están atendidas por el médico de cabecera. Más
de la mitad considera que su medicación es “inadecuada”
y que el facultativo está más preocupado por la enfermedad
que por aliviar su dolor.
Esta encuesta de la SED revela que sólo el 10% de los médicos
aplica la escalera de la OMS para el tratamiento del dolor.Este instrumento
define tres escalones de dolor según su intensidad. En el primero
está el dolor leve o moderado para el que se recomiendan los
analgésicos periféricos (paracetamol, ASA), AINES y el
uso de adyuvantes para aumentar la eficacia analgésica. Si el
dolor persiste, se aconseja asociar un opioide. El segundo escalón
está reservado al dolor de moderado a severo que debe tratarse,
según la escala, con un opioide potente.
En España hay un consumo alto (49%) de antiinflamatorios no esteroideos
(Aines) y una escasa prescripción de opioides. Esta realidad
fue uno de los problemas en el manejo del dolor en España detectados
por el estudio “Pain in Europe”, que recomendó mejorar
la formación de los médicos de APen este asunto. “Los
médicos de familia a veces se resisten a emplear opioides porque
éstos crean dependencia”, opina Villasante, que cree que
el mal manejo del dolor se debe más a una “falta de conciencia”
sobre esta entidad que a un déficit del tratamiento. La prueba
es que en el caso de un dolor de causas bien definidas, como puede ser
el oncólogico, estos profesionales “no tienen ningún
reparo” en emplear estos fármacos, según Villasante.
Blanco también coincide en que hay que dar información
a los facultativos de Primaria para “que pierdan el miedo”
a los opioides. Entretanto, una buena parte de la población,
el 29% según la SED, opta por la automedicación para aliviar
el dolor. Lo peligroso es que en esta práctica de “sírvase
usted”, los Aines son los más populares, unos fármacos
que pueden acarrear efectos secundarios graves y para los que sí
es imprescindible el consejo profesional. ]
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