El factor de Impacto: Un polémico indicador de calidad científica


Isabel López
Responsable de Atención Primaria de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc)

 

La puesta en marcha del nuevo modelo de Atención Primaria ha supuesto cambios importantes en las condiciones de trabajo de los facultativos de Atención Primaria (AP). Este modelo generó ilusión y motivación en la inmensa mayoría de los profesionales, que contribuyeron a que el modelo se consolidara y que fuera muy bien aceptado por parte de la población.
La reforma pretendía mejorar la calidad de la atención sanitaria y suponía un mayor tiempo de dedicación del médico a la población que atendía. La implantación ha sido lenta y aún no se ha completado, ya que queda casi un 10% de médicos que sigue en el modelo de cupo (“tradicional”).
Si en un principio esto supuso que los médicos de AP atendían una consulta con demandas aceptables, y adecuada carga de trabajo, en la actualidad las consultas se han sobrecargado con poblaciones asignadas exageradas y con un aumento de la actividad, al incorporarse múltiples actividades que se incluyen en la cartera de servicios que se oferta a la población.
Muchas oportunidades han quedado en el camino. Los pediatras sufrieron entonces una gran pérdida retributiva que sigue sin corregirse; el impulso que se quería dar a la docencia y a la investigación sigue siendo una ilusión; el horario de 9 a 17 horas se ha sustituido en algunas autonomías por un modelo que potencia el horario de tarde...
Además, la falta de planificación sanitaria a la hora de ver necesidades de efectivos está creando graves problemas en Primaria. La falta de plazas de MIR para la formación en Pediatría hace que ya sean numerosas las plazas de pediatras de AP ocupadas por médicos de familia, con los problemas profesionales que acarrea.
La tendencia hacia la feminización de las dos especialidades que se dedican a la AP es, asimismo, llamativa frente a otras especialidades. Las previsiones para 2009 la sitúan en el 77% para Pediatría y en el 67% para Medicina de Familia, junto con una disminución del número total de estos profesionales. Esta realidad genera a diario acciones para compatibilizar la vida laboral y familiar de las mujeres en unas jornadas que resultan agresivas: reducción de jornada en algunas comunidades autónomas hasta los seis años del hijo, excedencias maternales, etc, que implicarán una reestructuración de los servicios sanitarios.
El modelo de Atención Primaria, creado hace 20 años, no se ha adaptado a las necesidades de la población ni a las expectativas del médico de familia, desmotivado, tanto a nivel profesional como social. La AP del futuro no puede desarrollarse con éxito si no tiene en cuenta a los facultativos que siguen poniendo toda su voluntad pero que ya empiezan a estar quemados y si no se adapta a la nueva situación, en la que la mayoría de los facultativos son mujeres.]

 

Rev Esp Econ Salud Nov-Dic 2004; 3(6)


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