| La puesta en marcha del nuevo
modelo de Atención Primaria ha supuesto cambios importantes en
las condiciones de trabajo de los facultativos de Atención Primaria
(AP). Este modelo generó ilusión y motivación en
la inmensa mayoría de los profesionales, que contribuyeron a que
el modelo se consolidara y que fuera muy bien aceptado por parte de la
población.
La reforma pretendía mejorar la calidad de la atención sanitaria
y suponía un mayor tiempo de dedicación del médico
a la población que atendía. La implantación ha sido
lenta y aún no se ha completado, ya que queda casi un 10% de médicos
que sigue en el modelo de cupo (“tradicional”).
Si en un principio esto supuso que los médicos de AP atendían
una consulta con demandas aceptables, y adecuada carga de trabajo, en
la actualidad las consultas se han sobrecargado con poblaciones asignadas
exageradas y con un aumento de la actividad, al incorporarse múltiples
actividades que se incluyen en la cartera de servicios que se oferta a
la población.
Muchas oportunidades han quedado en el camino. Los pediatras sufrieron
entonces una gran pérdida retributiva que sigue sin corregirse;
el impulso que se quería dar a la docencia y a la investigación
sigue siendo una ilusión; el horario de 9 a 17 horas se ha sustituido
en algunas autonomías por un modelo que potencia el horario de
tarde...
Además, la falta de planificación sanitaria a la hora de
ver necesidades de efectivos está creando graves problemas en Primaria.
La falta de plazas de MIR para la formación en Pediatría
hace que ya sean numerosas las plazas de pediatras de AP ocupadas por
médicos de familia, con los problemas profesionales que acarrea.
La tendencia hacia la feminización de las dos especialidades que
se dedican a la AP es, asimismo, llamativa frente a otras especialidades.
Las previsiones para 2009 la sitúan en el 77% para Pediatría
y en el 67% para Medicina de Familia, junto con una disminución
del número total de estos profesionales. Esta realidad genera a
diario acciones para compatibilizar la vida laboral y familiar de las
mujeres en unas jornadas que resultan agresivas: reducción de jornada
en algunas comunidades autónomas hasta los seis años del
hijo, excedencias maternales, etc, que implicarán una reestructuración
de los servicios sanitarios.
El modelo de Atención Primaria, creado hace 20 años, no
se ha adaptado a las necesidades de la población ni a las expectativas
del médico de familia, desmotivado, tanto a nivel profesional como
social. La AP del futuro no puede desarrollarse con éxito si no
tiene en cuenta a los facultativos que siguen poniendo toda su voluntad
pero que ya empiezan a estar quemados y si no se adapta a la nueva situación,
en la que la mayoría de los facultativos son mujeres.]
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