| Las revistas también
son su foro de expresión, pues pueden exponer en ellas los más
variados asuntos relacionados con su actividad (éticos, económicos,
legales, docentes, políticos, etc.). Sin embargo, la publicación
sólo adquiere sentido cuando se encuentra con su público,
es decir, cuando es leída. En la moderna dinámica científica,
el encuentro entre el autor y sus lectores se materializa mediante las
citas que éstos hacen al trabajo previo, lo que supone una forma
de reconocimiento a la labor de sus predecesores1-3.
Los análisis de citas permiten conocer hasta qué punto se
ha cumplido el propósito de la comunicación, es decir, la
transmisión y asimilación del conocimiento. Pero para cuantificar
las citas es necesario analizar las referencias bibliográficas
de todos los artículos publicados en las revistas científicas,
o al menos en las principales, tarea para la que se requieren numerosos
recursos, pues es muy laboriosa. En 1965, Garfield impulsó este
tipo de análisis bibliográfico publicando en el Institute
for Scientific Information (ISI) de Filadelfia el primer volumen del Science
Citation Index (SCI). La particularidad más importante del SCI
es que recoge, junto a los artículos fuente de más de 3.200
revistas seleccionadas de ciencia y tecnología, todas sus referencias
bibliográficas4-5. Un producto derivado del SCI, el Journal Citation
Reports (JCR), proporciona anualmente indicadores bibliométricos
sobre el consumo de información de las revistas del Science Citation
Index, entre ellos el número de citas que han recibido, la vida
media, el índice de inmediatez y el factor de impacto (FI)4-5.
Utilidad del factor de impacto
Para describir la contribución científica de una investigación
cabe distinguir su impacto científico (supuesta difusión
o visibilidad a corto plazo de una investigación entre la comunidad
científica), pero de forma preferente debe destacarse su calidad
(indicativa del rigor científico, bien sea por el conocimiento
que aporta, por su corrección metodológica o por la originalidad
con el que se ha diseñado el estudio o se ha resuelto la pregunta
de investigación) y su importancia o relevancia (indicativa de
la influencia potencial que el estudio puede tener para el avance del
conocimiento científico, así como los diversos problemas
de salud en la práctica clínica)6.
El FI es un indicador bibliométrico basado en el recuento de citas
del SCI que se calcula, para cada revista, estableciendo la relación
entre las citas que en un año determinado han recibido los trabajos
publicados durante los dos años anteriores, y el total de artículos
publicados en ella durante esos dos años. Por ejemplo, para calcular
el factor de impacto de una revista en 2004 se suman todas las citas que
han recibido los artículos publicados en 2002 y 2003 de esa revista,
y se dividen por el número total de artículos publicados
por dicha revista en esos dos años. El motivo de coger dos años
es que es el tiempo promedio a partir del cual se calcula que un trabajo
circula plenamente en la comunidad científica y puede ser utilizado
y citado. El número de citas se divide por el número de
artículos publicados para corregir la ventaja potencial de los
autores o las revistas que publican muchos trabajos, ya que éstos
tienen mayor probabilidad de ser citados5,7-8.
El factor de impacto se utiliza como parámetro para la evaluación
de la calidad y el prestigio de las revistas y de las actividades científicas,
entre ellas la valoración individual de los aspirantes a concursos
y oposiciones, la concesión de becas, la contratación de
profesores y la promoción profesional y académica7-8. Sus
defensores se apoyan en el supuesto de que los trabajos importantes son
usualmente citados, mientras que los irrelevantes se ignoran y no se citan.
El uso del FI como índice de la calidad de las publicaciones se
fundamenta en la idea de que la frecuencia con que se cita una revista
mide exactamente su importancia con respecto a sus usuarios finales. Mediante
la citación de artículos de una revista concreta en sus
propios manuscritos, los investigadores estarían dando votos de
calidad para esta revista y el FI actuaría como parámetro
de estos votos9-12.
En la actualidad, obtener el FI se ha convertido en una especie de garantía
de calidad editorial, pues para ello los editores se ven obligados a cumplir
y a mantener unos estándares cualitativos y, además, supone
un excelente atractivo para lograr que los autores envíen sus mejores
manuscritos a la revista, lo que a su vez redunda en incrementar su calidad
e impacto.
Críticas al factor de impacto
El uso que se está haciendo del FI en algunos círculos académicos
y científicos está produciendo malestar en una buena parte
de los investigadores, debido a las importantes limitaciones y sesgos
que tiene este indicador y a los abusos que se cometen cuando se aplica
en la evaluación de sus actividades científicas y profesionales.
Estas limitaciones son consecuencia, principalmente, de la metodología
empleada en su elaboración13-18.
Una de las principales limitaciones del FI es que la selección
de revistas del SCI, repertorio a partir del cual se calculan las citas,
no es representativa de la producción científica internacional,
ya que presenta un sesgo de cobertura exageradamente favorable a las revistas
angloamericanas. Como resultado, la mayor parte de las citas en las que
se sustenta el indicador corresponden a Estados Unidos y a Gran Bretaña
y, en consecuencia, los artículos que no se han publicado en revistas
de estos países obtienen menos citas. Por este motivo, los indicadores
que se obtienen a partir del SCI, como el FI, no reflejan la actividad
científica de los países no anglófonos, como España.
Por ejemplo, en el Journal Citation Reports de 2003, última edición
publicada, se incluyeron 2.267 revistas de los Estados Unidos y 1.219
de Gran Bretaña, mientras que las correspondientes a algunos países
no anglófonos de incuestionable peso científico como Francia
e Italia fueron 147 y 65, respectivamente, y de las 29 revistas españolas
incluidas, únicamente 14 correspondían a las Ciencias de
la Salud. A pesar de que el número de trabajos españoles
en el SCI va aumentando y de que también han aumentado las revistas
españolas en esa base de datos, esta presencia es todavía
insuficiente y solamente están representadas algunas áreas
de las Ciencias de la Salud: la que más revistas contiene es la
Neurología, con tres revistas, seguida de las Ciencias morfológicas
y la Medicina clínica, con dos revistas cada área. Un conjunto
de siete áreas están representadas por una única
revista: Psiquiatría, Aparato respiratorio, Cardiología,
Aparato digestivo, Nefrología, Infeccioso y Farmacología
clínica12,19,20.
Uno de los criterios que utiliza el SCI para la inclusión de las
revistas candidatas en su base de datos es que éstas hayan recibido
un número suficiente de citas, de manera que las revistas no citadas
son excluidas de su cobertura. Sin embargo, estas revistas poco citadas
no son necesariamente de poca calidad, sino que simplemente tienen algunas
características (como idioma, temática, contenido o distribución
limitada) que hacen que sean poco citadas por otras revistas19. También
las revistas de campos poco desarrollados o incipientes, con escaso número
de investigadores, reciben menos citas, simplemente por el hecho de que
hay menos revistas y menos artículos publicados en los que elegir.
Otro defecto que se imputa al FI es la falta de correlación significativa
entre el impacto de un artículo específico publicado en
una revista y el FI de esa revista5,20. Recordemos que el FI es un valor
promedio que relaciona las citas recibidas por una revista con los artículos
que ha publicado, y que no todos los artículos de una revista tienen
la misma calidad. Seguramente no tendrá la misma calidad un trabajo
que presente los resultados de una investigación multicéntrica
que una carta al director. Sin embargo, el FI de la revista se aplica
a todos los trabajos que publica, independientemente de que sean de mayor
o de menor calidad. El grado máximo de degeneración se produce
cuando se presupone, por extensión, que la calidad de un trabajo
e incluso la categoría profesional y científica de sus autores
se corresponde con el factor de impacto de la revista en la que éstos
han publicado el trabajo8,9,11-20-23. En definitiva, el FI sólo
es aplicable a revistas, no a artículos concretos y menos aún
a personas24-25.
Como se ha comentado, el uso del FI como índice de la calidad de
las revistas se basa en el reconocimiento del valor de la publicación
por la comunidad científica a través de las citas que ha
recibido5,8,20,21. Sin embargo, esta teoría debería aceptarse
únicamente para revistas cuyos usuarios son, principalmente, investigadores,
la mayoría de los cuales escriben manuscritos para publicar. Para
otros profesionales como los clínicos, los docentes y los gestores
de la asistencia sanitaria, que también publican trabajos en revistas
científicas sobre observaciones clínicas o sobre temas relacionados
con los aspectos docentes, administrativos o legales de interés
sanitario colectivo, la valoración de sus trabajos mediante el
FI no es adecuada, pues el impacto de estas revistas está infravalorado.
Se trata de revistas que son consultadas por numerosos profesionales para
su formación continuada y como ayuda en su práctica clínica
y, sin embargo, no las citan porque probablemente nunca escriben manuscritos
para que sean publicados en ellas. Por otra parte, excelentes artículos
que tratan sobre investigaciones y problemas en áreas como la salud
pública o la Atención Primaria no son aceptados en las revistas
extranjeras con factor de impacto, las mayoritarias en el SCI, porque
consideran que estos trabajos tratan sobre problemas regionales o locales
de escaso interés para los colegas estadounidenses. Por ello, estas
investigaciones difícilmente pueden tener impacto fuera de su ámbito
geográfico de aplicación.
La tendencia actual de los profesionales españoles es a publicar
los mejores trabajos en revistas extranjeras con alto impacto, y sólo
acuden a las revistas españolas cuando tras agotar todas las posibilidades
de publicar en estas revistas extranjeras (por ejemplo, porque los revisores
han estimado que el trabajo no reúne la suficiente calidad o no
es de interés para la revista). Esta actitud se debe, en parte,
al interés de los autores en lograr el máximo prestigio
y reconocimiento de sus colegas extranjeros, así como en las favorables
posibilidades que tienen las revistas angloamericanas para lograr una
mayor difusión internacional. Pero también está motivada
por las presiones que tienen, por parte de las agencias de evaluación
de la actividad investigadora, para publicar en revistas extranjeras con
alto impacto y así conseguir el reconocimiento de su mérito
científico o académico en términos de promoción
profesional y consecución de subvenciones, becas y ayudas a la
investigación.
Todos estos problemas están creando un círculo vicioso muy
difícil de romper en el que la gran mayoría de las revistas
médicas españolas no están incluidas en el SCI porque
no tienen impacto, y no tienen impacto porque los mejores artículos
que realizan los profesionales españoles se publican en revistas
extranjeras con impacto, empobreciendo cada vez más la calidad
de nuestras revistas, cuyos contenidos declinan progresivamente, a costa
de enriquecer la de las extranjeras. Esta fuga gratuita de publicaciones
beneficia muy poco a la investigación española y contribuye
a fomentar la quiebra científica y económica de numerosas
revistas científicas de nuestro país.
Tras estas consideraciones, algunas preguntas que podemos plantearnos
son: ¿Dónde publicar, entonces? ¿Debemos interrumpir
las investigaciones que tratan sobre los problemas de interés regional
porque no interesan en términos de factor de impacto? ¿Cómo
aumentar el FI de nuestras revistas?
Una posibilidad es tratar de publicar en revistas nacionales que tengan
FI en el JCR. Las ventajas de publicar en estas revistas son evidentes,
pues al tiempo que se consigue que los trabajos circulen a nivel internacional,
también se logra que se difundan en nuestro propio ámbito,
es decir, en nuestro país y en nuestro idioma. Por otra parte,
el hecho de que el mayor número de citas que emiten las revistas
españolas hacia sus homólogas se reúna en unos pocos
títulos incita a reflexionar sobre la posibilidad de concentrar
el mayor número posible de trabajos relevantes en unas pocas publicaciones
con objeto de aumentar su FI4.
Los objetivos del estudio “Factor de impacto potencial de las revistas
médicas españolas”
El sesgo de cobertura del SCI a favor de las revistas norteamericanas
y británicas limita de forma importante el uso del FI como instrumento
para el estudio de la auténtica repercusión de los trabajos
producidos fuera del ámbito anglosajón. Cabe plantearse:
¿Cómo un repertorio —SCI— que ignora la mayoría
de las revistas que se publican en España puede proporcionar conclusiones
válidas sobre la ciencia que se cultiva en nuestro país?24-25.La
solución al problema, propugnada por el propio Garfield, fundador
del SCI y por otros bibliométras, es elaborar estudios complementarios
al SCI y JCR sobre análisis de citas en el propio país en
que ésta se genera y consume2,4,5,10,11. De acuerdo con esta propuesta,
se han realizado en España algunos análisis complementarios
de citas, dedicados habitualmente a revistas o a áreas temáticas
concretas26-43. Con una cobertura más amplia se publicaron en España
en la década de los noventa dos repertorios de citas, uno de revistas,
el Índice de Citas e Indicadores Bibliométricos de Revistas
Españolas de Medicina Interna y sus especialidades44, y otro de
autores, el volumen Citas de Autores Médicos Españoles del
Índice Médico Español, que analizaron las citas realizadas
a publicaciones españolas en una selección de revistas médicas
de carácter científico35. Ninguno de estos dos repertorios
tuvo la continuidad que hubiera sido deseable, si bien demostraron que
era factible la elaboración de índices de citas españolas
y la obtención de indicadores de impacto específicos de
la comunidad española.
En 2003, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (hoy Ministerio
de Educación y Ciencia) subvencionó la realización
del estudio “Factor de impacto potencial de las revistas médicas
españolas”, con un doble objetivo. Por una parte, obtener
el factor de impacto nacional (FIN) de las publicaciones médicas
españolas, es decir, el que le correspondería si estuvieran
incluidas en un índice de citas de revistas españolas. Por
otra, obtener el factor de impacto internacional de las publicaciones
médicas españolas y extranjeras, que es el que tendrían
si las revistas médicas españolas fueran revistas fuente
en el SCI.
Para este análisis se seleccionaron 87 revistas médicas
españolas que en 2001 estaban incluidas en la base de datos nacional
IME y, además, en alguna de las siguientes bases de datos internacionales:
Medline, EMBASE, SCI o BIOSIS, consideradas como las más importantes
en Ciencias de la Vida y de la Salud. Esta selección permitió
descartar numerosas revistas cuyo objetivo primordial no era la difusión
de la investigación, sino que más bien estaban relacionadas
con los aspectos sociales, docentes (revistas de formación continuada),
profesionales y de divulgación. En los artículos citables
de 2001 (originales, revisiones y notas) de las 87 revistas seleccionadas
se identificaron las referencias bibliográficas correspondientes
a 1999, 2000 y 2001 y se introdujeron en una base de datos en Access 2000
de Microsoft. A estas citas se añadieron las que las revistas seleccionadas
obtuvieron en el Science Citation Index de 2001, consultado por medio
de la plataforma Web of Science del Institute for Scientific Information.
Los datos anteriores han permitido obtener los factores de impacto nacionales
e internacionales y, por un procedimiento similar que computaba solamente
las citas de 2001, se ha obtenido también el índice de inmediatez.
Adicionalmente, se ha “recalculado” el FI de las revistas
extranjeras, modificado por la adición de citas procedentes de
las revistas españolas.
Resultados y discusión
En la página web Factor de impacto potencial de las revistas médicas
españolas (URL: http://ime.uv.es/imecitas/impacto.shtml) pueden
consultarse los indicadores de las revistas españolas y su clasificación
por áreas temáticas y editoriales (figuras 1 a 3).
Las revistas que han obtenido un mayor factor de impacto nacional han
sido Revista Española de Quimioterapia, Medicina Clínica,
Archivos de Bronconeumología, Revista Española de Cardiología
y Atención Primaria (tabla 1); mientras que el mayor impacto internacional
corresponde a Histology and Histopathology, International Journal of Developmental
Biology, Medicina Clínica y Revista Española de Quimioterapia
(tabla 2).
El estudio ha permitido identificar numerosas revistas que no forman parte
de la cobertura del SCI, pero que han obtenido un impacto importante.
Son algunos ejemplos la Revista Española de Quimioterapia y Atención
Primaria, revista que, por otra parte, ha obtenido un número considerable
de citas. También debemos mencionar otras como Archivos de Bronconeumología
y Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica, de las
que se ha publicado su FI en la edición del JCR de 2003, y lo mismo
puede decirse de Neurología, revista que inicia inclusión
en el JCR con un impacto superior al de otras revistas neurológicas.
A la vista de los resultados, una de las conclusiones más evidentes
es que numerosas revistas españolas han obtenido unos FI de tal
magnitud que les permitiría estar incluidas en la cobertura del
SCI, incluso por encima de otras revistas extranjeras de su especialidad
que sí que se indizan en la base de datos. Es evidente que la inclusión
de un mayor número de revistas nacionales en la cobertura del Science
Citation Index repercutiría en unos factores de impacto más
altos para nuestras revistas, ya que éstas se beneficiarían
de sus autocitas y de las citas procedentes de las otras revistas españolas,
mucho más conocidas y accesibles por los españoles que las
extranjeras.
Sin embargo, la citación de las revistas españolas ha sido
baja en términos generales. La baja citación se debería,
en parte, a que los autores españoles no suelen incluir referencias
bibliográficas de trabajos publicados en revistas españolas.
Resulta difícil saber por qué no se citan los trabajos españoles;
para algunos autores la baja citación estaría relacionada
con aspectos como el desconocimiento de lo propio, el complejo de inferioridad,
el pragmatismo intelectual, e incluso la verdadera o falsa modestia45-46.
El caso extremo de esta baja citación corresponde a las revistas
españolas publicadas en inglés, que apenas reciben citas
de sus homólogas españolas, debido quizá a su escasa
difusión en las bibliotecas españolas y a las dificultades
que tienen una buena parte de los profesionales españoles para
consultar bibliografía en ese idioma12-19. Este fenómeno
se produce en revistas como Methods and Findings in Experimental and Clinical
Pharmacology, Allergologia et Immunopathologia, Histology and Histopathology
e International Journal of Developmental Biology.
El bajo grado de citación de las revistas españolas ha llamado
la atención de numerosos autores y editores de revistas, que han
expresado en la prensa científica su notable preocupación.
Así, Ortega Serrano47 denunciaba en la revista Cirugía Española
la existencia de un “autoboicot científico” entre los
autores españoles mientras que Porcel y Pérez48,49 expresaba
en Psiquiatría Biológica el “sentimiento de frustración
ante la aparente desproporción entre el valor de muchos trabajos
y la repercusión alcanzada por los mismos”. Por su parte,
Hernández Vaquero50 indicaba en la Revista de Ortopedia y Traumatología
que había encontrado trabajos excelentes que no citaban ningún
artículo anterior publicado en esa revista y que tenían
el mismo objetivo, una metodología similar, conclusiones comparables
e incluso idénticas referencias extranjeras. Estas manifestaciones,
expresiones del ánimo de una buena parte de nuestros profesionales,
son todavía más desalentadoras cuando debido a los bajos
índices de citación de los trabajos españoles y al
hecho de que la mayor parte de la bibliografía pertenezca a autores
extranjeros se llega a la conclusión de que la actividad científica
de los médicos españoles no existe, o no alcanza los niveles
exigibles de calidad y, por lo tanto, no es útil a la hora de discutir
los resultados de nuestras investigaciones47. En consonancia con esta
línea argumental, otros se preguntan que si los artículos
españoles ni se conocen, ni se leen y ni siquiera se citan para
qué los hacemos49.
Con la intención de romper esta dinámica se suelen hacer
llamamientos desde algunos foros para convencer a los autores a citar
con mayor frecuencia a las revistas españolas, siempre que sea
pertinente, y así tratar de conseguir aumentar su impacto51-52.
Estas citas son especialmente importantes en los artículos que
se vayan a publicar en revistas incluidas en la cobertura del SCI, y sobre
todo si corresponden a los dos años anteriores al año de
publicación del artículo citador, ya que se incorporan a
la base de datos de citas del SCI y son recuperables en las búsquedas
de citas45,46,51,52. Las revistas muy citadas son identificadas por los
gestores de la base de datos, que pueden hacer estimaciones de su impacto
y, si es el caso, tomar la decisión de incluir la revista en su
cobertura.
Otro aspecto importante en el análisis del factor de impacto es
la autocitación, considerada como el número de veces que
una revista se cita a sí misma en las referencias bibliográficas
de sus artículos53-54. Es evidente que, desde la inclusión
de una revista en el repertorio JCR, la revista se beneficia de su autocitación55.
El índice de autocitas contribuye a aumentar el FI de las revistas
incluidas en el JCR, en contraposición a las no indizadas. Desde
el punto de vista editorial, los intentos de forzar a los autores a aumentar
el número de autocitas en sus manuscritos no están bien
considerados56-58.
A pesar de todas las limitaciones, la competencia en la obtención
de un buen FI está produciendo un efecto beneficioso, pues los
editores de las revistas españolas están tomando decisiones
editoriales estratégicas tendentes a mejorar la calidad de sus
revistas y resultar así más atractivas para los profesionales,
como dotarse de un prestigioso equipo editorial internacional, mejorar
la rapidez en la publicación y difusión de los trabajos,
procurar ediciones en inglés o bilingües y permitir el acceso
electrónico, en muchos casos gratuito51,52,59-61. No obstante,
estas políticas deben aplicarse siempre con la debida precaución,
pues los editores no pueden caer en la tentación de querer implantar
políticas editoriales que vayan en contra de los intereses de los
lectores21,24,25,62. Deben plantearse, pues, qué tipo de impacto
desean realmente para su revista, si el que proporciona el indicador bibliométrico
o un impacto real sobre sus lectores, que posiblemente necesiten otro
tipo de artículos, como los de formación continuada o las
comunicaciones de casos clínicos, trabajos que son menos rentables
en términos de impacto. Además, de esta manera contribuyen
mejor a una de las misiones más importantes de la revista, que
es la formación continuada de sus lectores21,62-64.
En definitiva, el estudio “Factor de impacto de las revistas médicas
españolas” ha permitido obtener este indicador en una amplia
muestra de revistas españolas y ampliará su número
de revistas analizadas incluyendo las que resulten más citadas
en los sucesivos estudios anuales. La información puede ser útil
para los editores de las revistas pues, a la vista de los resultados,
disponen de información de interés que les puede ayudar
a adecuar sus políticas editoriales. Por su parte, los autores
pueden elegir sus revistas utilizando criterios objetivos de impacto adaptados
a la realidad científica española.
Por último, también sería deseable que estos datos
contribuyeran a romper el círculo vicioso en el que se encuentra
sumergida la publicación de la investigación europea en
general y la española en particular. Como se ha comentado, con
la actual política científica de incentivar la publicación
en revistas con alto FI en el Journal Citation Reports se está
generando un hecho negativo para las revistas europeas, ya que los mejores
trabajos europeos se envían a revistas norteamericanas, que mantienen
o mejoran su factor de impacto, y el resto de trabajos tienden a publicarse
en revistas europeas, la mayor parte de ellas excluidas del SCI, lo que
no ayuda a incrementar su factor de impacto y confirma la idea de “fuga
de cerebros”. ]
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