| Hacia un tratamiento individual
La primera recomendación emitida por los especialistas
para tratar la alergia es evitar la exposición al agente desencadenante
de la misma. No obstante, en muchas ocasiones, seguir este consejo es
incompatible con el desarrollo de las tareas cotidianas. Es entonces cuando
se debe recurrir a las diferentes opciones terapéuticas que van
desde la inmunoterapia —la única capaz de modificar la respuesta
inmunológica al agente desencadenante de la alergia— hasta
una amplia variedad de tratamientos sintomáticos.
Carlos B. Rodríguez
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Hasta el momento,
la ciencia no ha logrado desarrollar un tratamiento que permita
curar de forma permanente la alergia. Generalmente, la principal
recomendación de los especialistas para evitar que se pongan
en marcha los mecanismos desencadenantes de esta patología
es evitar el contacto con el alérgeno.
En el caso de la alergia al polen o fiebre del heno, la Sociedad
Española de Alergología e Inmunología Clínica
(SEIAC) ha emitido una serie de recomendaciones para minimizar,
en lo posible, el contacto con el agente que produce la enfermedad.
Así, la SEIAC aconseja mantener la ventanas cerradas durante
la noche y utilizar aire acondicionado con filtros que eviten la
entrada de polen; diminuir las actividades al aire libre entre las
5 y las 10 de la mañana —horas en las que se produce
la emisión de polen— y entre las 7 y las 10 de la noche
—período de descenso de polen desde lo alto de la atmósfera—.
Otra de las medidas aconsejadas es la de permanecer el mayor tiempo
posible dentro de casa durante los días de mayores concentraciones
de pólenes, especialmente los días de viento; tomarse
vacaciones durante el período álgido de polinización
eligiendo una zona libre de pólenes; no secar la ropa en
el exterior durante los días de recuentos altos, ponerse
las gafas de sol al salir a la calle y, sobre todo, seguir los recuentos
de polen.
Sin embargo, en muchos casos, la adopción de estas medidas
resulta incompatible con las actividades cotidianas o es insuficiente
para evitar que se desencadene el proceso alérgico. En estos
casos, debe buscarse un tratamiento adecuado a las circunstancias
de cada paciente, teniendo en cuenta las contraindicaciones, las
interacciones con otros medicamentos que se estén tomando
o la etapa de la vida —embarazo, infancia,etc.—. |
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Inmunoterapia.
La única opción terapéutica disponible en
la actualidad que modifica la respuesta inmunológica a
la sustancia productora de la alergia es la inmunoterapia o hiposensibilización.
Este tipo de terapia es efectiva en un 80 por ciento de los casos
de alergia al polen, según algunos estudios. Con las vacunas
se pretende que el sistema inmunológico no responda a los
alérgenos fabricando anticuerpo IgE, impidiendo que éstos
se unan a determinadas células del organismo y causen los
síntomas de la enfermedad alérgica.
Gracias a las investigaciones llevadas a cabo hasta el momento
se ha descifrado la composición y estructura de la mayoría
de los alérgenos, entre ellos los del polen, y la proporción
en la que actúan según el caso. Esto, sumado a los
conocimientos sobre la respuesta inmunológica que caracteriza
a las alergias, permite que se desarrollen vacunas cada vez más
eficaces.
En todos los casos, estas vacunas son personalizadas en cuanto
al tipo de alérgeno que desencadena el proceso alérgico
en cada paciente y las concentraciones que el especialista considere
más adecuadas para éste.
Poco a poco se ha ido retardando el efecto de las vacunas, e incluso
se han desarrollado nuevas vías de administración.
De hecho, existe una alternativa a las vacunas inyectadas por
vía subcutánea que consiste en la aplicación
de dosis progresivas debajo de la lengua.
Además de la inmunoterapia, existen otras opciones terapéuticas
que deben ser seleccionadas en función de la gravedad y
persistencia de los síntomas causados por la alergia. Debe
tenerse en cuenta que uno de los objetivos de dicho tratamiento
debe ser prevenir el inicio de los consabidos síntomas.
Entre los agentes desarrollados para tratar la alergia se encuentran
los antihistamínicos, que pueden ser de administración
oral o tópica. Esta familia de medicamentos actúa
bloqueando, de forma reversible, los receptores H1 de la histamina.
Los antihistamínicos de administración oral son
especialmente eficaces en el control de los estornudos, el picor
y la rinorrea, aunque su efecto sobre la obstrucción nasal
es limitado. Entre los más empleados en la actualidad se
encuentran cetirizina, fexofenadina, ebastina, loratadina y mizolastina.
Todos ellos tienen metabolismo hepático, excepto la cetirizina
y la fexifenadina, lo que significa que, en pacientes con alteración
de la función hepática o tratados con antifúngicos
o macrólidos, estos dos principios serían la elección
más adecuada.
Uno de los efectos secundarios más comunes de estos tratamientos
es la sedación y los trastornos psicomotores. No obstante,
los antihistamínicos de segunda generación —fexofenadina,
loratadina y la cetirizina— han logrado atenuarlos.
Los antihistamínicos de administración tópica
en solución acuosa —zelastina y levocabastina—
poseen una escasa absorción sistémica y comienzan
a actuar en pocos minutos.
Otro de los tratamientos empleados en el manejo de los síntomas
de la alergia son los descongestionantes nasales. Estos agentes
alfa-adrenérgicos pueden ser también de administración
oral o tópica y, generalmente, se asocian a los antihistamínicos.
El uso de descongestionantes tópicos puede ser útil
en el control de la obstrucción nasal y la rinorrea. Sin
embargo, presentan un efecto creciente de rebote y pueden dar
lugar a una rinitis medicamentosa cuando se usan de forma prolongada
—más de 10 días—. Por ello, los especialistas
recomiendan que su uso se limite a los primeros días de
manifestación de la rinitis alérgica.
El valor de los descongestionantes orales asociados a los antihistamínicos
está siendo muy discutido. Estos medicamentos pueden producir
efectos adversos sobre el sistema nervioso central, así
como cardiovasculares. Este grupo de especialidades está
contraindicado en pacientes con arritmias, enfermedad coronaria,
hipertensión, hipertiroidismo, glaucoma, retención
urinaria y patología psiquiátrica.
Un tercer grupo de medicamentos empleados para tratar la rinitis
alérgica, una de las manifestaciones más comunes
de la alergia al polen, son los esteroides tópicos.
Estos principios activos modulan el mecanismo inmune celular y
humoral y actúan sobre el sistema vascular. Según
los expertos, estos medicamentos controlan la obstrucción
nasal de forma más eficaz que los antihistamínicos.
La mayoría de ellos —dipropionato de beclometasona,
triamcinolona acetónico, budosenida, mometasona y propionato
de fluticasona— se presentan en solución acuosa,
aunque existe una presentación en polvo seco de budesonida
para su insuflación nasal. La fluticasona y la mometasona
presentan una mejor biodisponibilidad, lo que las hace aconsejables
para tratamientos de larga duración.
Las dosis recomendadas varían según los principios
activos. Así, se aconseja dos aplicaciones diarias de beclometasona,
flusinolide y budesonida y una única dosis para fluticasona
y mometasona. El efecto de estos medicamentos no comienza inmediatamente
tras su administración y alcanzan su máxima eficacia
entre la segunda y la sexta semana de tratamiento. Por ello, en
ocasiones, son asociados a los antihistamínicos tópicos
o descongestionantes nasales en casos de marcada obstrucción
nasal.
Su efecto retardado, asimismo, aconseja empezar el tratamiento
dos semanas antes de la presencia de polen y continuarlo durante
toda la primavera.
Entre los efectos secundarios asociados a estos fármacos
se han descrito irritación, sequedad local y epistaxis
sobre el tabique. La dosis recomendada es la menor que permita
controlar los síntomas.
Una de las controversias originadas en torno a esta familia de
fármacos hace referencia a las alteraciones inducidas que
pueden producir sobre el crecimiento de los niños y adolescentes.
En la actualidad, el consenso general estima que los esteroides
tópicos intranasales tienen muy escasa biodisponibilidad.
No obstante, investigaciones recientes apuntan que el tratamiento
a corto plazo con algunos de estos medicamentos —fluticasona,
beclometasona, budesonida y triamcinolona— a dosis terapéuticas
reducen significativamente los niveles de cortisol y el crecimiento
óseo en niños, por lo que se aconseja que en este
grupo de pacientes se utilicen las dosis mínimas necesarias
y se realicen controles periódicos de la talla.
Los corticoides orales sólo son aconsejados para casos
muy severos de alergia y deben emplearse en cortos períodos
de tiempo.
Los estabilizadores de la membrana de mastocitos o cromonas son
una opción a los corticoides tópicos para los casos
en los que estos últimos están contraindicados.
Estos medicamentos no tienen ningún efecto antihistamínico
y actúan sobre los mastocitos sensibilizados por el alérgeno.
De este modo previenen la liberación de los mediadores
de la respuesta alérgica y la inflamación.
Su eficacia es similar a los antihistamínicos. Entre ellos,
el cromoglicato es más eficaz para prevenir la rinoconjuntivitis
inducida por polen que como descongestionante nasal, por lo que,
en ocasiones, es necesario, al inicio del tratamiento, asociarlo
a un descongestionante.
Anticolinérgicos nasales .
Su pauta de administración es de cuatro a seis veces diarias,
pues su efecto protector persiste entre cuatro y ocho horas.
El alivio de los síntomas suele manifestarse entre el cuarto
y el séptimo día de tratamiento, aunque su efecto
máximo se alcanza tras dos semanas de tratamiento. Una
vez que se ha conseguido la pauta posológica, el tratamiento
se continúa a las dosis que sean eficaces para el resto
del período de exposición al alérgeno.
Los anticolinérgicos nasales —bromuro de ipratropio—
son efectivos para reducir la rinorrea, aunque carecen de efecto
sobre la obstrucción y el prurito. Su absorción
es escasa y, por tanto, no dan lugar a efectos adversos sistémicos,
aunque sí producen sequedad nasal y bucal, alteraciones
del gusto, faringitis y epistaxis o sangrado nasal.
El nedocromilo es otra opción terapéutica disponible
para el tratamiento de los síntomas producidos por la alergia
al polen. Concretamente, este principio activo está disponible
en forma de pulverizador oral para la profilaxis del asma bronquial
y en gotas oculares para el tratamiento de la conjuntivitis alérgica.]
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