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Medicina defensiva: A la caza del médico
Hasta ahora, para un médico de Primaria era prácticamente
impensable recibir, no ya una denuncia, sino una reclamación por
un acto médico o por la relación con algún paciente.
La situación está empezando a cambiar, y la única
posibilidad que este colectivo ha encontrado para afrontar una situación
que no esperaba es practicar la denominada medicina defensiva, que origina
grandes costes -incalculables, según los expertos- al sistema.
Carlos B. Rodríguez
| En el mes de octubre, la Audiencia
Provincial de Madrid condenó a un médico a pagar la
manutención de la hija de una paciente que quedó embarazada
tras haberse sometido, previo pago de 450 euros, a una intervención
de ligadura de trompas. El ginecólogo había utilizado
una técnica reversible sin informar de ello a la paciente.
Para subsanar este error, tendrá que pagar 240 euros mensuales
durante 20 años, hasta alcanzar una indemnización
total de 60.101 euros.
Este es un ejemplo de la marea creciente de quejas, reclamaciones
y denuncias que en los últimos años ha sembrado la
preocupación entre el colectivo médico. De hecho,
y según una investigación llevada a cabo entre mil
profesionales por los doctores José Cabrera y
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José Carlos
Fuentes, en España, el miedo a una demanda condiciona el
trabajo de casi el 70 por ciento de los facultativos. El 17,7 por
ciento asegura haber experimentado un problema de este estilo y
un 60 por ciento dice conocer compañeros cercanos que han
padecido alguno.Para evitar que su diagnóstico concluya en
una demanda judicial, la mayoría de ellos reconoce practicar
lo que se denomina medicina defensiva, que consiste en someter a
los pacientes a pruebas y consultas con otros especialistas innecesarias,
generando un coste económico incalculable para el sistema,
en opinión de los expertos, que podría dedicarse a
investigación o a otras prioridades médicas.
Las conclusiones alcanzadas por los doctores Cabrera y Fuentes no
son aisladas. Otros estudios arrojan conclusiones similares. Según
la tesis doctoral de Responsabilidad Profesional Sanitaria, que Ángel
Hernández, jefe del Servicio de Patología Forense del
Instituto de Medicina Legal (IML) de Jaén, presentó
en el X Congreso Nacional de Derecho Sanitario, celebrado a finales
del pasado mes de octubre, las respuestas a encuestas enviadas a los
colegios de médicos (un 85 por ciento) y de abogados (93,5
por ciento) coincidían en señalar que la malpraxis ejerce
una influencia negativa en la práctica médica al ocasionar
medicina defensiva para evitar denuncias.
Otro ejemplo. En 1999, el British Medical Journal publicó un
trabajo que detallaba las experiencias de los médicos generales
ante las reclamaciones de sus pacientes. Las respuestas al tercer
estadio, que describía la resolución de los conflictos
planteados por la reclamación, no dejaban lugar a dudas: unos
pocos no lograron resolver sus conflictos y otros se plantearon dejar
la profesión, pero la gran mayoría decidió practicar
la medicina defensiva.
Según Asensio López, vicepresidente de la Sociedad Española
de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc), aunque no existe en España
ningún estudio sobre el coste económico que genera esta
práctica, “sí que está cuantificado
que los centros de salud que tienen más presión asistencial
derivan más a otros especialistas y, en ocasiones, piden pruebas
que no son necesarias”.
En el año 2000, sin embargo, un informe publicado por la red
internacional de agencias de evaluación tecnológica
sanitaria (Inahta), y elaborado a partir de estudios internacionales
(dos de ellos españoles) de coste-efectividad tecnológica,
llegó a la conclusión de que el exceso de pruebas preoperatorias
responde más a un intento de cirujanos y anestesistas de buscar
protección legal que a unos criterios clínicos que verdaderamente
lo aconsejen.
Estos trabajos demostraban también que muchas de las peticiones
que se presentan desde Primaria son injustificadas. En dos de ellos
(uno sueco y otro británico), por ejemplo, se aseguraba que
más de la mitad de las peticiones de pruebas radiológicas
son innecesarias y que más del 80 por ciento del total obtiene
resultados negativos. Ante esto, se proponían cursos de formación
y protocolos de actuación en pacientes con dolor de espalda
o cuello.
Otro campo de actuación inadecuada es el de los antibióticos,
aspecto en el que incidían un documento finlandés (de
enero de 2001) y un estudio realizado por la Agencia de Evaluación
del País Vasco. Ambos cifraban la mala prescripción
en torno al 40 por ciento.
Denuncias crecientes
Casi todos los expertos coinciden en señalar que las reclamaciones
contra los facultativos han experimentado un crecimiento desmesurado
desde 1980 hasta mediados de la década de los 90, si bien
éste fue un dato “imposible de obtener”
por parte de los Colegios de Médicos, según explica
el autor de la tesis de responsabilidad profesional sanitaria.
“Sólo podemos decir que se aprecia un claro incremento
en los últimos años”, indica Hernández.
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| En este sentido, los únicos datos
oficiales disponibles corresponden a un estudio realizado por la Subdirección
Sanitaria del Insalud entre enero de 1995 y septiembre de 1999, según
el cual los médicos de familia son los menos denunciados, con
un 13 por ciento de los siniestros ocurridos en estos años,
frente al 85 por ciento de los hospitales y un uno por ciento para
los servicios especiales de Urgencias.
Para el vicepresidente de la Semfyc, sin embargo, “más
que un aumento de demandas judiciales, que lo hay, se está
dando un incremento de reclamaciones por parte de los pacientes
en los últimos años, que son aún moderadas,
y que responden, sobre todo, a que los pacientes hacen valer
cada vez más sus derechos”.
Esta situación puede deberse a que, si bien estos profesionales
trabajan con un mayor grado de incertidumbre, puesto que atienden
los procesos desde fases iniciales y menos sintomáticas,
las complicaciones técnicas son menos frecuentes y la
relación médico-paciente es más estrecha.
Ello no impide que algunos estudios contemplen las Urgencias
(incluyendo las que realizan los médicos de Atención
Primaria) como una de las especialidades o áreas más
‘demandadas’, en el sentido judicial de la palabra,
por los pacientes.
Otro elemento importante a tener en cuenta a la hora de valorar
la influencia de las demandas sobre la práctica médica
es que, pese al incremento que se ha experimentado en el número
de denuncias, éstas sólo llegan de forma excepcional
a los tribunales de justicia. |
El Reino
Unido, a la zaga de los EE.UU.
Según un estudio del Tribunal de Cuentas
de Reino Unido publicado en 1999, en una década, las demandas
contra personal sanitario se habían multiplicado por trece
en este país. Según el organismo, “los procesos
judiciales por negligencias suponen el mayor reto del Servicio Nacional
de Salud” y podría valorarse en 4.900 millones de euros.
La mayoría, además, eran confirmadas por la Justicia,
disparando el montante de las indemnizaciones en un 15 por ciento
anual. El récord, que hace 20 años estaba en 176.000
euros, era de 7,1 millones en 1998. Con estas cifras, Reino Unido
se acerca cada vez más a la situación de Estados Unidos,
país que dio origen al concepto de medicina defensiva en 1960,
en un momento en el que la especialización de la Medicina y
la modernización de la tecnología propiciaron una transformación
en las expectativas de vida y de curación de los pacientes.
En la primera mitad de los años 70, la inmunidad de los hospitales
y del personal sanitario quedó abolida, lo que abrió
el campo de la responsabilidad y el aseguramiento. Pronto, las aseguradoras
informaron de un dramático incremento del costo de la responsabilidad
profesional, que podía hacer quebrar el negocio de algunas
de ellas. La amenaza sobre el trabajo de los médicos obligó
a que se complicase el proceso asistencial, multiplicándose
las pruebas y sus costes. Muchos médicos, además, reaccionaron
adelantando sus jubilaciones, con lo que se perdió la experiencia
de muchos profesionales.
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En 1999, por ejemplo,
se formularon un total de 19.351 quejas contra el Insalud que afectaban
a Atención Primaria. De ellas, sólo un 20 por ciento
podía denunciarse por la vía judicial, y la mayoría
se refería a temas menores que se resolvieron con una buena
explicación. En la misma línea, en el año 2001,
sólo el 18 por ciento de los fallos interpuestos por la Audiencia
Nacional por demandas contra el Insalud acabó en condena.
En general, y según un análisis de las reclamaciones
registradas en el periodo 1986-1998 por el Servicio de Responsabilidad
Profesional del Colegio Oficial de Médicos de Barcelona,
la probabilidad de que la actividad de un médico de Atención
Primaria genere una reclamación judicial es muy baja en comparación
a su volumen de actividad, pero, cuando sucede, acaban en condena
el 16 por ciento de los casos por la vía de lo civil y el
cuatro por ciento por vía penal.
El escaso número de sentencias tiene su contrapartida, para
Ricardo de Lorenzo, presidente de la Asociación Española
de Derecho Sanitario, en su “extraordinaria publicidad”,
aún en asuntos en los que las reclamaciones no prosperen judicialmente
pero que, según este experto, “dañan irreversiblemente
el buen nombre del médico implicado y del colectivo en general”.
Asegurarse, todo un reto
Aunque el número de sentencias condenatorias no ha sufrido
grandes variaciones a tener en cuenta, el incremento de las
denuncias tiene todavía otra consecuencia más
para los médicos. Encargarse de los costes que conlleva
un médico demandado implica tener que hacer acopio de
una gran cantidad de dinero. Para resarcirse del costo que genera
cada juicio, las aseguradoras han elevado las primas de sus
contratos de forma muy marcada, mientras que sus pólizas
cubren cada vez menos siniestros, algo que incluso desconocen
algunos médicos, que corren el riesgo de tener que pagar
de su bolsillo una demanda confirmada por un juez.
En lo que va de año, Uniteco, una correduría de
seguros que se encarga de las pólizas de responsabilidad
por mala práctica de unos 45.000 colegiados españoles,
ha registrado más de mil siniestros. “Hay médicos
que se plantean el hecho de que se juegan el patrimonio en cada
acto médico que realizan, y no están cobrando
lo que deberían para jugárselo”, subrayan
desde esta empresa.
Los riesgos de quiebra para las aseguradoras, en caso de no
tener reservas para pagar siniestros, son cada vez mayores.
Por eso, algunas especialidades lo tienen más difícil
que otras para encontrar un seguro. Según un estudio
realizado por Uniteco, un médico sufrirá como
media entre cinco y seis reclamaciones durante su vida laboral,
las mismas posibilidades de sufrir un accidente de coche.
Pese a lo fácil que es poner una reclamación a
un médico, desde Uniteco se subraya que, aunque en España
aún no se han alcanzado esos extremos, “si
se sigue en la dirección actual”, puede que
se llegue a la situación vivida en Estados Unidos, donde
hay médicos que no pueden ejercer porque no tienen póliza
para ello. Esta situación ha surgido por la crisis de
las compañías dedicadas a Responsabilidad Civil
y por la constante subida de las indemnizaciones de los jurados.
Hasta hace muy poco, sólo en California existía
un límite máximo de 250.000 dólares para
la reparación no mercantil de los jurados. A lo largo
de este año, un número considerable de estados
ha comenzado a aprobar leyes propias en la materia, adelantándose
a una futura legislación federal, cuyo trámite
en el Senado se ha visto paralizada por falta de consenso.
Para Ricardo de Lorenzo, “las indemnizaciones seguirán
creciendo sin seguro por las mayores facilidades, por el éxito
de las demandas, por la más acusada exigencia de protección
de la salud y por la ausencia de criterios seguros y de estudios
sobre la valoración del daño corporal”,
entre otras razones.
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Agresiones:
la crisis de confianza llevada al extremo
Las amenazas y agresiones a facultativos
empiezan a estar a la orden del día, lo que añade
un granito más a la montaña creciente de la medicina
defensiva. Tal y como señala Pilar Cecilia, secretaria
de Acción Sindical de la Confederación Estatal
de Sindicatos Médicos (CESM) de Madrid, “es frecuente”
que se produzca este tipo de agresiones en casos como la demanda
de recetas o pruebas analíticas “de las cuales
pueden depender fines económicos o sociales”.
Los datos de un estudio noruego, realizado entre mil médicos
aproximadamente, vienen a confirmar que los pacientes insatisfechos
que amenazan a su médico con propagar mala publicidad
o con una demanda judicial alteran el curso de su propio tratamiento.
Así, el 44 por ciento de los médicos se decidió
por una estrategia defensiva cuando se enfrentó a una
simulación de amenaza de un paciente con angina de pecho
que advirtió de que iría a la prensa si no se
le ordenaban nuevos test médicos. Otro 57 por ciento
de los médicos eligió el enfoque defensivo ante
un paciente con cefalea aguda que amenazó con una demanda
formal si no lo enviaba a un neurólogo.
Según Pilar Cecilia, uno de los problemas que hay que
solucionar es que la Administración está ofertando
en la actualidad mucho a los pacientes, pero sus propuestas
no cuentan con suficiente soporte económico. “No
se trata de que no se les deba ofertar. Lo que hay que ver es
si tenemos medios para cumplir con las expectativas que se les
están generando”, asegura. |
Crisis de confianza
Como trasfondo de todo este asunto queda, según señalan
el presidente de la AEDSy otros expertos, la pérdida de confianza
en la relación médico-paciente. Esta situación
tiene su máximo exponente en los casos de agresiones a médicos,
otro elemento generador de medicina defensiva que cobra cada vez más
protagonismo en los medios de comunicación.
Un nuevo elemento puede contribuir a que aumente el número
de litigios contra facultativos y, a la vez, estimular la práctica
de la medicina defensiva. Este elemento no es otro que Internet, según
el IV Informe de la Sociedad Española de Informática
de la Salud titulado “Luces y sombras de la información
de salud en Internet”. En él se prevé este aumento
dado que muchos pacientes no irían a una biblioteca a consultar
cierta información, sino que la buscan a través de la
Red, lo que puede proporcionalesles una “falsa seguridad”.
Este trabajo ve todavía que la información de salud
en Internet puede traer, como consecuencia, una variante de la medicina
defensiva. Así lo expone en sus conclusiones: “Es la
comunicación defensiva, que consiste en que no se publiquen
determinadas informaciones, para evitar su mala interpretación
o su utilización inadecuada”.]
| Figura 1. CAUSAS
PRINCIPALES DE IMPRUDENCIA MÉDICA |
A. Falta o mal uso de historias clínicas
B. Incumplimiento de protocolos o standards mínimos
C. Falta de información del paciente
D. Poca utilización de medios auxiliares
E. Excesiva utilización de medios auxiliares
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F. Despersonalización en la
asistencia
G. Falta de medios diagnósticos y terapéuticos
complementarios
H. Medicación y métodos complementarios
de diagnóstico agresivos
I. Omisión de socorro
No sabe / No contesta |
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| Fuente: Tesis Doctoral
de Responsabilidad Profesional Sanitaria |
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| Figura 2. CAUSAS DEL
AUMENTO DE LAS DENUNCIAS POR LA MALPRAXIS MÉDICA |
A. Medicina más compleja
B. Peor medicina
C. Medicina más despersonalizada
D. Mayor formación de ususarios
E. Inducción por prensa y asociaciones
F. Inducción por letrados
G. Frustración por mala evolución de la
enfermedad |
H. Obtención de
dinero fácil para el perjudicado
I. Obtención de dinero fácil para abogado
y gestores
J. Tratar de evitar y corregir errores futuros
K. Obtención de indemnizaciones vía seguros
de responsabilidad civil
No sabe / No contesta |
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| Fuente: Tesis Doctoral
de Responsabilidad Profesional Sanitaria |
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