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La depresión no sabe
de edades
Aunque tradicionalmente se ha considerado un problema
propio de la edad adulta, múltiples estudios corroboran la existencia
de la depresión en todas las edades. De hecho, las investigaciones
apuntan a que cada vez es menor la edad en la que empieza a presentarse
esta patología como consecuencia de los cambios sociales y familiares.
Aún así, la depresión infantil sigue siendo un problema
infradiagnosticado y al que no se le presta la atención que merece.
Gema Reimundez
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Tristeza persistente,
pensamiento o expresiones suicidas, actuaciones destructivas, desesperanza,
aburrimiento persistente, pérdida de interés en sus
actividades favoritas, alteraciones de los patrones del sueño
o la alimentación, concentración deficiente, deterioro
en los estudios, aislamiento social y baja autoestima, son algunos
de los síntomas que han de hacer saltar las alarmas ante
un posible caso de depresión infantil, una patología
que, a pesar de estar reconocida por los especialistas desde hace
muchos años y experimentar un significativo aumento en la
actualidad, aún está infradiagnosticada.
“Estudios epidemiológicos desarrollados
desde la primera guerra mundial -confirma la doctora María
Jesús Mardomingo, jefa de sección de psiquiatría
infantil del Hospital Gregorio Marañón- corroboran
la existencia de depresión en todas las edades de la vida
y demuestran que la edad de aparición de esta patología
cada vez es menor”.
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Aunque la prevalencia
de esta enfermedad varía dependiendo de los estudios consultados,
se estima que a lo largo de un año aproximadamente un 20%
de los niños y adolescentes españoles padecen algún
trastorno psíquico de mayor o menor intensidad. De éstos,
la mitad son trastornos de ansiedad y depresión.
No obstante, la doctora Mardomingo subraya que lo importante es
reconocer que la depresión existe en la infancia y que afecta
por igual a niños y a niñas hasta los 12 años,
edad a partir de la cual empieza a ser más habitual en las
mujeres.
Una de las causas más citadas por los especialistas como
responsable del aumento de la incidencia de esta patología
entre la población infantil es el cambio que se ha producido,
en los últimos años, en el entorno familiar.
“En la actualidad vivimos una crisis del modelo de familia
tradicional como consecuencia de la incorporación de la mujer
al trabajo, el estrés de la vida diaria y el aumento de las
separaciones. Todos estos factores influyen en la relación
entre los padres y los niños. En el caso de las mujeres trabajadoras,
en muchas ocasiones, su jornada laboral les hace dedicar menos tiempo
a sus hijos, lo que provoca sentimientos de culpabilidad que influyen
en el modo de educar”, explica esta especialista en psiquiatría
infantil y autora del libro “Psiquiatría para Padres
y Educadores”.
Tabla1. EPIDEMIOLOGÍA DE LOS
TRASTORNOS DEPRESIVOS
= Niños Adolescentes
= Depresión Tasas de prevalencia 0,4-2,5% 0,4-8,3%
= Ratio V/H 1/1 1/2
= Prevalencia de vida 15-20%
Distimia Tasas de prevalencia 0,6-1,7% 1,6-8,0%
Datos en millones de euros. / *Última
cantidad disponible entre 1996 y 2000
Fuente: Comisión Europea.
De la misma
opinión, es el psicólogo Bernabé Tierno, para
quien los cambios en la vida familiar y social han provocado un
cambio sustancial en las relaciones entre padres e hijos que influye
en el aumento de la prevalencia de la depresión infantil.
“La falta de tiempo de los padres, el estrés y los
cambios en las relaciones sociales (cada vez se juega menos en la
calle) han incrementado la soledad de los niños y eso repercute
en la aparición de trastornos del comportamiento”,
asegura Tierno.
En la aparición de la depresión también interviene
un componente genético, ya que los antecedentes de trastornos
mentales en los padres aumentan el riesgo de que lo desarrollen
sus hijos. Se calcula que el 50% de la variación genética
del comportamiento de los adolescentes con los padres es de carácter
genético, es decir, depende de las características
mentales del hijo. Asimismo, el 20% de la variación del comportamiento
de los padres con el hijo depende también de las características
genéticas de éste último. No obstante, la doctora
Mardomingo explica que los desencadenantes genéticos de la
depresión no han variado por lo que todo apunta a que el
aumento de la incidencia de la depresión se debe fundamentalmente
a factores ambientales.

Otros factores
Por otra parte, los especialistas han consignado una escala de acontecimientos
vitales que influyen en los niños y adolescentes. Entre ellos,
están la muerte de familiares cercanos, la discusiones familiares,
el abuso sexual, el divorcio de los padres, las enfermedades propias
o cercanas, los cambios de colegio, los suspensos o los problemas
con loscompañeros de clase. Además, se ha detectado
cierta influencia de los nuevos modelos educativos que han propiciado
el paso del modelo autoritario al permisivo.
Lo cierto es que, aunque existen muchos estudios que constatan la
existencia de la depresión en la infancia y su aumento en
los últimos años, esté problema sigue estando
infradiagnosticado y, en algunos casos, se arrastra hasta la edad
adulta. La jefa de la sección de psiquiatría infantil
del Hospital Gregorio Marañón ilustra este dato con
su experiencia personal: “Puedo citar el caso de una paciente
de 25 años que acude a mi consulta con una depresión
y, tras analizar su historial clínico, detecto que el primer
cuadro depresivo lo experimentó a los cinco años.
Esta situación suele ser habitual pues al propio enfermo
le cuesta reconocer que padece una depresión. Además,
la falta de energía asociada a la enfermedad dificulta la
toma de decisiones”.
Otros de los factores que influyen en la falta de detección
de esta patología, según la doctora Mardomingo, es
la escasa información sobre la misma entre los médicos
del primer nivel asistencial y pediatras, así como el déficit
de especialistas en psiquiatría infantil. No obstante, esta
experta no duda en señalar que este aspecto está cambiando
y cada vez hay una mayor preparación en estos niveles de
la asistencia sanitaria. Por otra parte, la responsable de la sección
de psiquiatría del Hospital Gregorio Marañón,
explica que el escaso interés que existe en la Administración
sobre los problemas psiquiátricos en los niños queda
demostrado en que en España todavía no está
reconocida como tal la especialidad en psiquiatría infantil.
Mardomingo insiste también en el importante papel que juegan
los padres y educadores, personas que más contacto tienen
con el niño, a la hora de detectar problemas psiquiátricos
como la depresión y derivarlos al especialista para que sean
diagnosticados y tratados.
TABLA 3.
SINTOMATOLOGÍA Y EDAD EN LA DEPRESIÓN

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Trastornos asociados
Y es que, según esta experta, es frecuente que la depresión
se asocie con otros trastornos psiquiátricos - entre el 40 y el
70 por ciento de los niños depresivos están en esta situación-
y que tienda a evolucionar de forma crónica.
Por ello, aboga porque el enfoque de este trastorno sea semejante al que
se lleva a cabo con otras enfermedades para evitar recidivas y la cronificación.
En algunas ocasiones, igual que sucede en otras patologías como
la hipertensión o la diabetes, por ejemplo, el tratamiento debe
mantenerse durante toda la vida. Entre las patologías asociadas
a la depresión infantil, según Mardomingo, las más
frecuentes suelen ser la ansiedad y el trastorno distímico, además
del consumo abusivo de sustancias.
En cuanto al tratamiento, los especialistas apuestan por apoyarse en tres
pilares fundamentales: el tratamiento farmacológico, la psicoterapia
y el apoyo y asesoramiento a la familia.
En esta línea, la doctora Mardomingo explica que los medicamentos
consiguen mejorías que sirven para optimizar los resultados de
la psicoterapia, aunque, en el caso de la depresión, su empleo
depende esencialmente de la gravedad de la misma. Además, los estudios
disponibles en este campo apuntan a que el empleo de antidepresivos a
largo plazo no aporta ningún efecto pernicioso sobre el organismo.]
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