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La información sanitaria tiene un precio
Las noticias de carácter sanitario cobran
cada vez mayor protagonismo en los medios de comunicación. Sin
embargo, los expertos se preguntan acerca de cuáles son los criterios
y las formas en que debería ser elaborada dicha información
para no caer en un alarmismo social innecesario e injustificado
| Carlos Jardon |
| Orlistat, sildenafilo,
bupropion o cerivastatina son el nombre de varios principios activos
que ante los ojos de la opinión pública pueden no decir
nada. Sin embargo, la imagen social que se tiene de estas sustancias
cambia cuando se les llama por su nombre comercial: Xenical, Viagra,
Zyntabac o Lipobay. ¿Es correcta la imagen que proyectan los
medios de comunicación cuando hablan sobre ciertos medicamentos?
¿Cuál es el impacto económico que genera una
información deficiente o alarmista sobre riesgos sanitarios?
¿Cómo influye en la gente la información sanitaria
que recogen los periodistas? De momento, la única respuesta
clara que hay a todas estas preguntas y que subraya la importancia
de este tema es el anuncio realizado desde el Ministerio de Sanidad
y Consumo de crear una comisión asesora que desarrolle una
guía para la comunicación de riesgos sanitarios y que
esté integrada por todos los agentes responsables en este proceso:
profesionales de la salud, industria farmacéutica, medios de
comunicación, autoridades sanitarias y consumidores. |
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En los últimos años, la actualidad informativa de
España ha estado plagada de noticias relacionadas con el
mundo sanitario. En los últimos años, la actualidad
informativa de España ha estado plagada de noticias relacionadas
con el mundo sanitario.
Desde los acontecimientos de interés internacional como el
caso de las vacas locas o el peligro de un ataque bioterrorista
con ántrax,hasta los sucesos de ámbito nacional como
la alerta sanitaria sobre el el aceite de orujo de oliva por su
riesgo cancerígeno, los dializadores de Baxter,
así como distintas informaciones intermitentes sobre posibles
muertes asociadas a tratamientos medicamentosos concretos.
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Comunicación de riesgos
La Agencia Española del Medicamento es consciente
del impacto que provoca la información sanitaria que
recogen los medios de comunicación. De hecho, según
anunció Ramón Palop, subdirector general de
seguridad de los medicamentos de la AEM en un Café
de Redacción organizado por el semanario EL GLOBAL,
está prevista la creación en el mes de julio
de una Comisión Asesora cuyo objetivo es desarrollar
una guía que marque las pautas a la hora de comunicar
los riesgos sanitarios a la población.
La decisión de formar esta Comisión Asesora
tiene lugar después de varias informaciones polémicas
que han copado la actualidad informativa en el pasado año.
No obstante, Ramón Palop, incidió en que las
actuaciones de la Agencia Española del Medicamento
sobre la retirada del mercado de medicamentos están
basadas únicamente en decisiones de carácter
técnico y nunca ante posibles presiones mediáticas
o de la opinión pública.
Asimismo, de acuerdo con datos de la Agencia Española
del Medicamento, al año se producen en España
una media de 150 alertas sanitarias, ya sean retiradas cautelares,
advertencias o detección de lotes defectuosos. Por
lo que los expertos coinciden en resaltar la necesidad de
trabajar conjuntamente en este campo de manera que la información
sanitaria que llega a los ciudadanos sea cada vez más
rigurosa, precisa y objetiva. En definitiva, trabajar conjuntamente
para mejorar la calidad de la información sanitaria.
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Según datos del Observatorio de la Comunicación
Científica de la Universidad Pompeu Fabra, en los últimos
cuatro años se han duplicado en España las noticias sanitarias.
Antes se luchaba porque apareciera en los medios mayor información
científica. En cambio, ahora es preciso que haya un menor número
de noticias pero de mejor calidad, más contextualizadas y con un
mayor análisis, apunta Vladimir de Semir, director del Observatorio
de la Comunicación Científica.
Los calcioantagonistas
No obstante, los casos polémicos y de grandes titulares
no es una cuestión novedosa, sino que también datan de hace
tiempo. De hecho, los expertos destacan el caso de los calcioantagonistas,
que tuvo lugar en el año 1995, como paradigma de un alarmismo informativo
injustificado, irresponsable, sobredimensionado
y de graves consecuencias tanto económicas como sanitarias.
En 1995, los investigadores Psaty, Furberg y Meyer publicaron en varias
revistas científicas como Circulation y el Journal of the American
Medical Association (JAMA) diversos estudios que cuestionaban la seguridad
de los calcioantagonistas y que los relacionaban con un aumento del riesgo
de muerte cardiovascular, infarto de miocardio, hemorragias e incluso
con cáncer. Este hecho fue recogido por la agencia de noticias
Associated Press y saltó a los medios de comunicación general
con titulares como el aparecido en el Washington Post: Medicamentos
contra la hipertensión asociados a ataques al corazón; los
investigadores temen que 6 millones de americanos estén en peligro
(Drug for blood pressure linked to heart attacks; Researchers fear 6 million
are imperiled). De acuerdo con David Zimmerman, profesor de periodismo
de la Universidad de Columbia, el artículo inicial de Associated
Press estaba basado en un breve abstract de un estudio presentado en un
congreso de la American Heart Association, pero que no entraba en detalles
técnicos como la diferencia entre riesgo relativo o absoluto, calcioantagonistas
de acción corta o larga, y demás aspectos técnicos
propios de un estudio clínico o un metaanálisis. Por lo
que acudir a la fuente original, contrastar la información y contextualizarla
hubiera sido lo correcto y no habría provocado la alarma social
que generó, según afirma este experto en un artículo
bajo el irónico lema de Ataques al corazón producidos
por los medicamentos o por la prensa.
El presidente de la sección de hipertensión arterial de
la Sociedad Española de Cardiología, José Ramón
González Juanatey, recuerda este suceso, que saltó fronteras
por su impacto, y subraya que la polémica de los calcioantagonistas
está zanjada en el campo de la hipertensión con el diseño
de varios estudios, entre los que destaca el estudio INSIGHT del año
2000, que han demostrado la seguridad y eficacia de los calcioantagonistas
en la prevención de complicaciones cardiovasculares. Antes
de cuestionar determinados tipos de tratamientos deben existir estudios
bien diseñados que demuestren este hecho, porque las repercusiones
fueron tremendas, subraya Juanatey, quien resaltó el impacto
que este tipo de información tiene en el paciente, puesto que cuestionan
la seguridad de los tratamientos que están recibiendo, pierden
la confianza en su médico, abandonan la medicación y no
la sustituyen por otra.
Lógicamente, las acciones de la compañías farmacéuticas
que comercializaban nifedipina, principal calcioantagonista que fue objeto
de los estudios junto a verapamilo y diltiazem, bajaron en bolsa. De hecho,
las ventas de Procardia (nifedipina DCI), comercializado por Pfizer en
Estados Unidos, descendieron un 4 por ciento en 1995 con respecto al año
anterior. No obstante, según señala Juan Bosco Blanco, responsable
de marketing institucional de la división farmacéutica de
Bayer, el impacto de esta información fue frenada por
los médicos de Atención Primaria porque le dieron
el valor justo a la información publicada y tranquilizaron a los
pacientes. Bayer comercializa Adalat (nifedipina DCI)
Otra dimensión
En el caso de los calcioantagonistas se produjo un problema de traslación,
puesto que una noticia que se da dentro de un contexto científico-técnico,
como es un congreso científico o un estudio clínico, tiene
un significado propio, pero si se recontextualiza a un nivel general adquiere
otra dimensión y es algo que hay que tener en cuenta, subraya
el director del Observatorio de la Comunicación Científica.
Además, los expertos alertan de una tendencia creciente hacia la
espectacularidad que se está produciendo en los medios
de comunicación. Así, ante la mayor cantidad de información,
ante la escasez de tiempo para decidir entre lo qué es noticia
de lo qué no y frente a la necesidad de captar la atención
del lector, prima cada vez más aquellas noticias con cierta dosis
de espectacularidad. Quizás, la industria tendría
que saber proporcionar información a los medios de comunicación
y que éstos a su vez no fuesen tan sanguinarios, sugiere
Paula Márquez, jefa de farmacovigilancia de PharmaMar.
En el caso de la alarma sobre los riesgos sanitarios del aceite de orujo
de oliva, la directora general de Salud Pública y Consumo, Dolores
Flores, llegó a señalar a uno de los principales diarios
de información general que si no se llega a enterar la prensa,
la retirada se hubiera hecho con absoluta tranquilidad. Sin tener
que llegar a este extremo, los expertos recuerdan el papel de control
que desempeñan los medios de comunicación en la sociedad,
-el inglés Edmund Burke acuño el término de la prensa
como cuarto poder- pero siempre que sea ejercido con una clara responsabilidad
social, y sobre todo en un campo tan sensible como es la información
sanitaria.
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