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La enfermedad silenciosa
La incontinencia urinaria afecta a dos millones
de españoles e incide muy negativamente sobre la calidad de vida
de los mismos. Los tabúes asociados a esta enfermedad y la falta
de formación de los profesionales ha dado lugar a un infradiagnóstico
de la misma
| Gema Reimundez |
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La vergüenza y el aislamiento social de quienes la padecen
y el escaso interés asistencial que acapara, hacen de la
incontinencia urinaria una de las patologías más desconocidas
entre la población española, a pesar de afectar a
aproximadamente 2 millones de personas y suponer un gasto superior
a los 100.000 millones de pesetas al Sistema Nacional de Salud.
Para la doctora Montse Espuña, médico consultor de
la Unidad de Suelo Pélvico del Institut de Ginecología
del Hospital Clinic de Barcelona, las principales causas de que
la IU esta infradiagnosticada son la escasa concienciación
de los profesionales sanitarios
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que apenas suelen preguntar por este problema a la hora de
elaborar la historia clínica y las reticencias de los
propios pacientes a la hora de preguntar a su facultativo por el
problema -se estima que un 25% del total de afectados no acude al
médico-. Así, entre las principales dificultades que
presentan los pacientes ante el abordaje de la IU está la
aceptación por parte de éstos de que se trata de un
problema habitual de su vida cotidiana; la vergüenza en su
exposición y las repercusiones que conlleva; y la falsa creencia
de que se trata de un problema sin solución consecuencia
de la edad y de la condición femenina -la enfermedad es especialmente
prevalente entre las mujeres de 20 a 50 años-.
Por otra parte, según los expertos, entre los profesionales
sanitarios a menudo se infravalora el problema debido a que se desconoce
su realidad, no se tienen en cuenta las repercusiones psicológicas
y sociales del mismo; la formación sobre él es deficitaria;
y no forma parte de la anamnesis habitual en la consulta.
Para combatir el infradiagnóstico, señala la
doctora Espuña, es fundamental incidir sobre la educación
de la población y la formación
de los profesionales. Cualquier iniciativa encaminada a que los
españoles conozcan este problema ayudará a que se
diagnostiquen más casos y sean tratados. En cuanto a los
profesionales es preciso que los médicos y profesionales
sanitarios de Atención Primaria y ginecólogos,al menos,
se involucren en la detección del problema para posteriormente
derivarlo a un especialista.
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Datos sobre incontinencia
La prevalencia de la Incontinencia Urinaria es de entre el
25 y el 45% en mujeres mayores de 20 años, con una
repercusión en su vida social del 23%; y en hombres
del 7 al 11% con una repercusión en su vida social
del 5%.
La Incontinencia Urinaria es especialmente prevalente entre
mujeres de 20 a 50 años. Una de cada cinco mujeres
padece en algún momento de su vida un episodio de incontinencia
urinaria. En España un 1% de las mujeres reconocen
haber padecido alguna pérdida de orina, incidencia
que se eleva considerablemente hasta los 55 años y
que, a partir de esa edad, se sitúa entorno al 8%.
De los 2 millones de españoles que sufren incontinencia,
sólo 500.000, el 25%, consultan al médico. El
principal motivo es la vergüenza y la falta de información
sobre esta patología. La prevalencia de la Incontinencia
Urinaria en los países occidentales es de 50 millones
de personas, cifras que alcanza los 200 millones en todo el
mundo.
El gasto en absorbentes en España representó
en el año 1996 el 3,2 por ciento del total de la prestación
farmacéutica, porcentaje que se mantiene estable hasta
la actualidad. En términos absolutos en 1997 el Sistema
Nacional de Salud gastó en absorbentes 150 millones
de euros, cantidad que en 2001 ha alcanzado los 210 millones
de euros.
Según los expertos, para acabar con el infradiagnóstico
de la IU es preciso incidir sobre el conocimiento de la enfermedad
por parte de la población y sobre la formación
de los profesionales, tanto médicos, personal de enfermería,
como farmacéuticos.
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Infradiagnóstico
Sin duda, esta falta de diagnóstico
impide que a los pacientes se les aplique el tratamiento más adecuado
al origen de su problema y, por tanto, se dispare el gasto económico
y social asociado a la incontinencia urinaria. No en vano, el uso de absorbentes
se sitúa entre el 8 y el 20% de las personas afectas y en estudios
determinados sobre ancianos comunitarios este porcentaje se eleva hasta
el 63%.
De hecho, en 2001 se consumieron a través del SNS más de
4 millones de unidades de pañales, lo que supuso unos costes superiores
a los 210 millones de euros, un 3,1% del total del gasto generado por
la prestación farmacéutica en ese mismo año. Según
diversos estudios a este coste de autoayuda o rutina deben sumarse otros
como los generados por los sistemas colectores de pañales, la lavandería
y la ropa extra que han de usar los afectados.
En cuanto a los costes directos generados por las diferentes alternativas
terapéuticas para abordar la incontinencia urinaria, los expertos
coinciden en resaltar que suelen ser mucho menores que el llamado coste
de autoayuda y más teniendo en cuenta que inciden positivamente
sobre una reducción de los gastos indirectos e intangibles generados
por la enfermedad.
En cuanto a los costes indirectos asociados a la incontinencia urinaria
apenas existen estudios que valoren la pérdida de productividad
de los pacientes incontinentes. No obstante, expertos resaltan que un
número considerable de pacientes abandona su vida laboral por padecer
esta condición.
En lo que se refiere a los costes intangibles, es decir, la valoración
de la pérdida de calidad de vida, la incontinencia urinaria posee
un fuerte impacto.
A través del test de evaluación de calidad de vida Short
Form (SF36) diversos estudios señalan que el deterioro de la calidad
de vida producido por incontinencia urinaria supera el de enfermedades
crónicas de mayor riesgo para la salud como la diabetes, la artritis
reumatoide o la enfermedad cardiaca, especialmente en los apartados social
y mental. La escala de Nottingham Health Profile que mide el impacto sobre
la calidad de vida de las diferentes patologías concede a la incontinencia
urinaria una puntuación media de 22, estando por encima de patologías
como el infarto de miocardio, la dolencia de pulmón o la parálisis
incompleta. Y es que la incontinencia, independientemente de su etiología,
produce importantes trastornos sobre el día a día de quien
la padece, abocando al enfermo, en muchas ocasiones, a un aislamiento
social voluntario e interfiriendo sobre su vida familiar, económica
y sexual.
Existe una lista interminable de ámbitos de la vida del paciente
que se ven deteriorados por el hecho de padecer incontinencia urinaria
porque entre ellos abunda la concepción de que lo que les pasa
molesta a los demás, lo que les conduce al aislamiento social y
a la baja autoestima. Algunos estudios clínicos, incluso, relacionan
esta patología con la depresión, señala la
doctora Espuña, quien no duda en insistir que la información
dirigida al paciente y la formación de los profesionales redundarán
en el diagnóstico y tratamiento adecuado de esta patología
y, por tanto, en la reducción de estas consecuencias asociadas.
En esta línea, estudios que valoran tanto los costes directos como
los indirectos e intangibles asociados a la enfermedad concluyen que cualquiera
de los tratamientos disponibles en la actualidad para abordar la IU presentan
mejor relación coste-efectividad que la opción no tratar.
Así, dependiendo del origen de la incontinencia existen diversas
alternativas terapéuticas. La llamada incontinencia de esfuerzo,
aquella provocada por un debilitamiento de los músculos del suelo
pélvico o los que rodean la uretra, puede ser abordada desde diferentes
perspectivas que contemplan desde la cirugía hasta el tratamiento
farmacológico basado con estrógenos o una combinación
de estos con antagonistas alfaadrenérgicos.
En el caso de la incontinencia de urgencia también llamada vejiga
inestable -que radica básicamente un problema de almacenamiento
en el cual el músculo de la vejiga se contrae de forma inapropiada-
el tratamiento más habitual consiste en la administración
de anticolinérgicos entre los que se encuentran principios activos
como el emepronio DCI, flavoxato DCI, homatropina DCI, oxibutinina DCI,
trospio DCI y tolterodina DCI. En este tipo de pacientes se suele combinar
el tratamiento farmacológico con técnicas de reeducación
vesical, según señala la doctora Montse Espuña.
Un tercer grupo de pacientes con incontinencia urinaria son los afectados
por la incontinencia mixta, en la que se manifiestan los síntomas
de la vejiga hiperactiva y de la incontinencia por esfuerzo. En este supuesto
se tratan los síntomas de forma separada y con los tratamientos
ya citados.
Cuando el paciente con incontinencia, independientemente de su origen,
no responde a las diferentes alternativas terapéuticas, entonces
es, según los expertos consultados, cuando debe recurrirse a los
tratamientos paliativos. En la actualidad existen en España diferentes
alternativas que contemplan desde los absorbentes hasta dispositivos especialmente
diseñados para paliar los efectos de esta patología.]
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