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El coste de la prescripción inducida: una responsabilidad compartida
entre Atención Primaria y especializada
Mientras la Administración exige a los médicos
de AP mayor implicación en el control del gasto farmacéutico,
éstos alegan que la responsabilidad en el coste de las prescripciones
farmacéuticas se generan en Atención Primaria no es sólo
suya, sino que buena parte de ese coste es fruto de la prescripción
inducida desde otros niveles asistenciales.
| Gema Martin |
El paciente,
el colectivo médico y la propia organización sanitaria
son algunos de los agentes que influyen de manera determinante en
una actividad que, a priori, puede parecer autónoma y de responsabilidad
exclusiva del facultativo: la prescripción de medicamentos.
De un tiempo a esta parte, existe un creciente interés por
el estudio de la prescripción en Atención Primaria en
todos sus aspectos, tanto en el económico como en el asistencial,
motivado, quizás, por la preocupación generada en torno
al incremento del gasto farmacéutico y las posibles medidas
que pueden tomarse en este ámbito de la atención sanitaria
para conseguir un mayor ahorro en medicamentos del Sistema Nacional
de Salud.
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En un entorno de gasto sanitario creciente es lógico
que se intente racionalizar el gasto farmacéutico presionando
al médico de AP ya que es el principal prescriptor.
También es comprensible que el facultativo tenga dificultades
para conseguir la racionalización deseada, y una de estas
dificultades es la prescripción inducida, explica Joaquim
Casanovas, delegado territorial de Sanidad de la Generalitat de
Cataluña en Gerona.
Así, y mientras desde distintas instancias se insiste en
la necesidad de que los médicos de Atención Primaria
se impliquen aún más en la contención de la
factura farmacéutica, éstos alegan que la responsabilidad
en el coste y la calidad de la prescripción farmacéutica
no puede ser imputada únicamente a su actividad profesional,
sino que, en muchas ocasiones, es producto de la presión
que ejercen tanto el paciente como incluso otros niveles asistenciales,
mediante la llamada prescripción inducida.
Este concepto hace referencia a la prescripción que tiene
un origen externo al propio médico prescriptor, generalmente,
la inducida por un facultativo de atención especializada,
aunque, según estudios recientes, la presión del usuario
puede ser responsable de hasta el 5 por ciento de las prescripciones.
El paciente suele pensar que el especialista tiene más
conocimientos sobre una patología concreta y por tanto, exige
que el médico de familia le prescriba exactamente la marca
del medicamento aconsejado por el especialista, afirma Casanovas.
Las diversas investigaciones que existen en torno a esta cuestión
destacan que la prescripción inducida es cuantitativa y cualitativamente
relevante y arrojan diferentesporcentajes sobre su prevalencia que
oscilan entre el 24 y el 50 por ciento, aunque en pacientes con
enfermedades crónicas ésta puede alcanzar el 77 por
ciento. Así, Mateu Seguí, médico de Atención
Primaria del centro de salud de Dalt Sant Joan de Mahón (Menorca),
asegura que el 50 por ciento de las prescripciones de un centro
de Atención Primaria corresponde a la inducida.
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Gestión adecuada de
la prescripción inducida
Algunos autores interpretan la prescripción inducida
como un fenómeno negativo, aunque es cierto que también
presenta ventajas para el paciente, cuyos diferentes tratamientos
terapéuticos pueden ser centralizados en el médico
de familia. Para conseguir reducir los efectos negativos de
la prescripción inducida (burocratización de
la Atención Primaria, desacuerdo y frustración
por parte del facultativo de este nivel asistencial, y falta
de comunicación y coordinación entre los médicos
de familia y los especialistas), los autores consultados por
esta publicación han coincido en destacar la necesidad
de mejorar la calidad asistencial de la Atención Primaria,
incrementando el tiempo de consulta y potenciando la formación
clínica y farmacológica de los facultativos.
Por ello, además, del esfuerzo de los profesionales
sanitarios, estos expertos también reclaman a la Administración
que asuma sus propias responsabilidades y tome las medidas
necesarias para conseguir estos objetivos, lo cual repercutirá
positivamente en la mejora de la calidad asistencial y en
el control del gasto sanitario. De esta manera, se conseguiría
reducir el porcentaje de prescripciones inducidas si los médicos
de AP incrementaran su capacidad de resolución y disminuyeran
el número de derivaciones a la atención especializada.
Esto se lograría con una actitud activa y mejor formación
del médico, que permita gestionar la prescripción
delegada y actuar sobre ella para llevarla a unos niveles
adecuados. Al mismo tiempo, es necesario un cambio de relación
entre los médicos de Atención Primaria y especializada,
que ha de basarse en la consulta y los consejos profesionales,
en lugar de la imposición. Pero lo que condiciona en
último término que un paciente acepte de buen
grado la modificación de un tratamiento indicado por
un especialista es el grado de confianza que el paciente tenga
en su médico; una confianza que no es espontánea,
sino adquirida y que exige disponer de un tiempo mayor de
consulta para dedicarlo al paciente.
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Sin embargo, al ser mayor el precio por receta, el
gasto que origina es el 60 por ciento de la factura farmacéutica
total.
Estas cifras coinciden prácticamente con las facilitadas
desde la atención especializada. Así, Jesús
Tornero, presidente electo de la Sociedad Española de Reumatología,
una de las áreas terapéuticas que más prescripción
inducida generan, informa que en el caso de los reumatismos
no articulares, los especialistas asumen el control y seguimiento
del 30 ó 35 por ciento de los casos y el resto se remite
a AP.
Origen
También los trabajos publicados presentan una amplia variabilidad
de porcentajes en lo que se refiere al origen de la prescripción,
que puede ser hospitalario (entre el 34 y 53 por ciento de los casos);
proveniente de especialistas de ambulatorio (entre el 11 y el 23
por ciento de los casos); de centros privados (el 25 por ciento);
y causado por la automedicación (alrededor del 5 por ciento
de los casos).
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Respecto a la postura de los facultativos
de Atención Primaria ante la prescripción inducida, en general
es de aceptación tratamientos instaurados por los especialistas.
Los datos que revelan los diferentes trabajos publicados sobre el tema
señalan que sólo entre el 2 y el 9 por ciento de estos profesionales
sanitarios modifica el tratamiento indicado por el especialista. No obstante,
los expertos insisten en que el último responsable de continuar
con un tratamiento prescrito en otros niveles asistenciales es el médico
de familia.
La realidad es que muy pocas veces el tratamiento instaurado por
el médico especialista es retirado o modificado por el médico
de Atención Primaria, ya que, ante todo, desea evitar conflictos
con el paciente y este hecho a la larga puede crearle desconfianza y frustración,
señala Casanovas.
No obstante, Seguí considera
que muchas veces, el médico de familia se siente desbordado
y en desacuerdo con la prescripción inducida, pero sólo
una pequeñísima parte de este colectivo cambia el tratamiento
indicado desde atención especializada, quizá por la
presión asistencial y porque carece de tiempo para analizar
en profundidad cada caso concreto y buscar otra alternativa terapéutica.
Por su parte, Tornero señala que es fundamental que los
médicos de AP tengan libertad para modificar el tratamiento
indicado desde otro nivel asistencial, en las ocasiones en las que
asume el control de dicho tratamiento, señala Tornero.
Otra opinión que también es compartida por la mayoría
de los autores es que la mayor parte de las prescripciones inducidas
son debidas a enfermedades cardiovasculares, patologías del
aparato respiratorio y del sistema nervioso central, reumatismos no
articulares, afecciones genitourinarias y digestivas, y patologías
psiquiátricas. |
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El gasto generado por recetas es
otro de los indicadores que se tienen en cuenta para comparar la prescripción
propia y la inducida. En general, el gasto generado por la prescripción
inducida es mayor (algunos expertos aseguran que el coste medio por receta
es un 25 por ciento más caro), probablemente por la utilización
que hacen los especialistas de fármacos más innovadores
y eficaces y, por lo tanto, más caros.
Según afirma Casanovas, es conocido que los especialistas
tienen tendencia a prescribir novedades terapéuticas que generalmente
son más caras.
De la misma opinión se muestra Seguí, para quien la
relación coste efectividad de los medicamentos que recetan los
especialistas generalmente es elevada, ya que se trata de nuevos medicamentos
más eficaces; sin embargo, en casos determinados, las ventajas
que aportan respecto a otros tratamientos ya financiados por el Sistema
Nacional de Salud son poco relevantes.
Valor intrínseco
No obstante, en lo que se refiere al valor intrínseco de los medicamentos,
no existen muchas variaciones entre la prescripción inducida y
la propia. De hecho, los diferentes estudios señalan que existe
una responsabilidad similar entre los médicos de los diferentes
niveles asistenciales en relación a los medicamentos que prescriben
con Utilidad Terapéutica Baja (UTB); la única diferencia
relevante en este sentido es que el médico especialista ocasiona
un gasto mayor al tratarse, por lo general, de productos más caros.
En este punto, los autores difieren a la hora de señalar a quién
debería imputarse el gasto generado en AP por la prescripción
inducida. Así, Seguí considera que este gasto debería
imputarse al centro origen de las prescripciones, ya sea un hospital,
un centro de especialidades o uno de Atención Primaria.
Sin embargo, Casanovas, cree que el facultativo que prescribe un
medicamento es el responsable último de la prescripción,
y ya todos los médicos tienen la capacidad de decidir si continúan
con el tratamiento iniciado en otro nivel asistencial, la imputación
del gasto farmacéutico a efectos de gestión de esta prestación
ha de realizarse a quién prescribe el fármaco, aunque dicha
prescripción sea inducida.
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